Revista Axxón » «Distopía repentina», Marcelo Huerta San Martín - página principal

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 ARGENTINA

Este nuevo número de Axxón nos encuentra en una situación sorprendente, opresiva, que si nos la hubiera contado un visitante del futuro difícilmente habríamos creído. Una pandemia con un impensado nivel de contagio nos tiene a muchos encerrados en nuestras casas, sin poder contactarnos con nuestros seres queridos, en muchos casos sin poder trabajar, las economías del mundo frenadas; en muchos casos, agrupados de forma incómoda con personas que ya no pueden trasladarse, o en convivencia incómoda, poniendo a prueba muchas de nuestras capacidades. Como siempre, las acciones que cada país emprende en respuesta a una crisis inédita revela su matriz ideológica profunda de forma clara. Comparamos las acciones de los jefes de estado y sabemos qué valoran más. Cada quién, para su coleto, decidirá qué acciones son más o menos apropiadas. Sólo la historia posterior nos permitirá evaluar con más objetividad cuáles acciones fueron las mejores. (Y aquí, dependiendo de cuáles sean esas acciones, estamos en una situación en la que podemos temer que queden pocos para contar la historia.)

La universalidad del impacto de esta crisis me hizo pensar en ficciones que he leído o visto en las que el encierro o el hacinamiento juegan un papel principal.

  • En ORA:CLE, de Kevin O’Donnell, las personas no salen de sus departamentos porque cada centímetro de suelo tiene plantas en un intento de reducir el CO2 del aire y porque una raza de seres extraterrestres aviformes e inteligentes se entretienen cazando humanos en la Tierra; allí todas las casas están conectadas a la Red (el autor no llega a imaginar Internet) y, por lo tanto, si alguien se opone a algún interés prestablecido es vulnerable a un ataque exterior. Hay «primitivos» que viven a la intemperie, pero la historia se cuenta desde el punto de vista de quienes tienen un domicilio y forman parte de la economía digital.
  • En la serie Counterpart, ciertos experimentos nunca explicitados produjeron la creación de un (único) universo alternativo, al cual se tiene acceso restringido y con el que se ha establecido acceso diplomático. En ese universo alternativo hubo, recientemente, una pandemia (causada por una variante de la gripe) que produjo una cantidad tremenda de muertes y que ha cambiado las normas de interacción social para siempre. Cuando uno de los personajes de nuestro lado viaja al universo alternativo, actúa sin pensar y le ofrece estrechar su mano a uno de los miembros de la delegación del mundo alterno, quien observa al personaje con horror: claramente piensa sólo alguien que no ha sufrido una pandemia tan devastadora es capaz de ofrecer contacto físico con un extraño con tanta ligereza.
  • Varias películas tratan el tema de un contagio generalizado de una enfermedad nueva, en general derivada de otra enfermedad de origen animal, y la facilidad con la que se propaga hasta que los protagonistas consiguen contenerla.

Cabe preguntarse qué tan eficaz y qué tan rápido será el trabajo de los científicos para responder a la pandemia. Lo que sí se ha visto es la propagación sumamente veloz de ideas falsas, absurdas o peligrosas en un momento en que la racionalidad sería la mejor opción.

Los pensamientos conspirativos que buscan asignar a toda crisis seria un propósito cuidadosamente orquestado desde las sombras, sembrando falsedades universales sobre la severidad de la COVID-19 para ejercer un mayor control de la población. Es una cosa notar que en muchos casos los poderes existentes aprovechen una crisis para ajustar las tuercas a la población en su propio beneficio, y otra muy distinta que toda la crisis haya sido planificada desde el principio con un propósito claro y perfectamente evaluado, con un resultado coincidente a la perfección con ese propósito.

Las teorías conspirativas desestiman el error humano, la imposibilidad de mantener un secreto durante largos períodos por parte de grupos numerosos de personas, y el absurdo de las premisas. En una ensalada de desinformaciones y disparates, se mezclan los presuntos autoritarismos que serían la verdadera causa de las cuarentenas, con los Illuminati, la comunicación 5G, la inoculación de chips por medio de vacunas (!) y hasta se ha invocado como parte de la motivación de la presunta falsedad de la pandemia el Nuevo Orden Mundial (!!) y la chatura de la Tierra (!!!).

Encerrados en nuestras casas, convencidos de que ver algunos videos que confirman nuestros prejuicios es «investigación» y obnubilados por nuestra propia necesidad de pertenencia a un grupo que consideramos «mejor informado» en contraposición a las «ovejas», es fácil dejarnos confundir por la maquinaria interminable generadora de falsa información para consumo popular. Se sabe que la enorme cantidad de datos recolectada sobre nosotros, y que entregamos insensiblemente al navegar todas las plataformas sociales y de telefonía que consumimos, permiten analizarnos de tal modo que no sólo se nos dirigen la publicidad que se estima más apropiada con nuestros gustos, sino las falsas noticias que es más probable que creamos, sin ejercer el juicio crítico sobre ellas. Cierta empresa de análisis de datos muy sonada recientemente se vanagloriaba de haber torcido exitosamente los resultados electorales de varios países en favor de sus clientes. La desconfianza tiene cierta justificación. Pero no alcanza para desbaratar edificios enteros de conocimiento porque un grupo de investigadores de sofá necesita sentirse parte de un grupo de iluminados. Que los gobiernos retaceen información o no revelen la totalidad de sus planes no significa que las vacunas no funcionen, que las estelas de vapor sean venenos que controlan la mente o que el mercurio produzca autismo.

Las crisis mundiales hacen surgir invariablemente lo peor de nosotros: el consumidor acrítico, el odiador serial, el que desestima el bienestar general en aras de su comodidad personal. Puede que sean grupos reducidos, pero se encargan de ser extraordinariamente ruidosos. Hacen que una situación crítica sea aún más invivible. Son los que gritan «fuego» y piden a los bomberos cuando ven de refilón una linterna.

Muchos otros evitan contribuir al caos. En silencio, contribuyen con su labor a la supervivencia del resto. Casi siempre mal pagados, en ocasiones maltratados, hacen su parte para que todos podamos, finalmente, intentar sobreponernos a esta situación tremenda.


Poniendo nuestro granito de arena para aportar material de lectura en este momento de aislamiento, en este número publicamos cinco historias con tono diverso. La primera de ellas es un cuento de nuestro editor, Eduardo Carletti, quien reparó en que su texto más difundido en otros medios (Minotauro 11, la antología «El cuento argentino de ciencia ficción» de Pablo Capanna, Página/12) no había sido publicado en Axxón, de modo que en este número corregimos la omisión. El resto incluye a autores tanto recién llegados a la revista como reencontrados luego de largo tiempo.


5 Respuestas a “«Distopía repentina», Marcelo Huerta San Martín”
  1. postmortemritual dice:

    Qué buen editorial,coincido al 100% . Creo que uno de los mayores defectos humanos es necesitar perder para después valorar, ojala que esta situación provoque algún tipo de apertura para ver mas alla de nuestro ombligo. Por otro lado siempre sospeché que a nivel mundial algo iba a pasar, aunque confieso me ha sorprendido la rapidez ,literalmente virulenta, de todo esto.
    También es interesante de notar la fragilidad de nuestra existencia en el mundo. En fin, hay varias cosas para reflexionar.
    Por otro lado comento que hace un tiempo encontré la revista por casualidad, me interesó, me suscribí al feed y es genial ver el aviso de un numero nuevo.
    Sigan adelante, el trabajo de ustedes es realmente encomiable.

    saludos protocolares y sanitarios !

    • richieadler dice:

      Gracias por tu mensaje. No dejes de visitar el resto de los números, el sitio en general, incluso las versiones para dispositivos móviles para que te encuentres con una tajada de la historia en esos ejemplares iniciales (nuestros primeros números fueron programas que corrían en las primitivas PC explotando al máximo sus capacidades; ¡el número 17 tiene una novela completa que entraba en un diskette!).

  2. Juan Manuel Valitutti dice:

    Qué lindo saber de ustedes. Me alegro. Pese a la pandemia, Axxón no se detiene. Bueno, nadie se detiene: esa es la idea, ¿no?

  3. Celeste dice:

    Buscando material para preparar una clase encontré un artículo donde se mencionaba la revista y entré. ¡Qué maravilla! Increíbles el enorme trabajo que hay en la página y este editorial, que sintetiza con claridad y perspicacia lo que está sucediendo (y sigue sucediendo, meses después). Muchas gracias por el laburo enorme que hacen.

  4.  
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