Revista Axxón » «Muerte», Eduardo J. Carletti - página principal

¡ME GUSTA
AXXÓN!
  
 
Imprimir version limpiaVersion PDF de esta pagina 

ARGENTINA

Ella abre los ojos como si le costara un gran esfuerzo. Él sabe que es así, que le cuesta un gran esfuerzo, pero nunca se lo diría, nunca se permitiría mencionárselo. Ella se incorpora, le tiende los brazos, busca su calor, deja de estremecerse. Se alejan de la cámara trastabillando, abrazados, sonriendo apenas. Él la invita con una copa, pero ella rehúsa con un suave gesto de su mano. Luego se sienta, cierra los ojos, los vuelve a abrir, atrae la mano de él y la aprieta sobre sus pechos. Hay una música lenta, de bajo volumen. Es un piano suave y casi imperceptible. Él quiere besarla, desea besarla, pero espera unos segundos. Cuando por fin lo hace, nota que ella sigue temblando.

Le vuelve a ofrecer la copa. Esta vez ella acepta, alarga la mano y, torpemente, vuelca el líquido sobre las rodillas de él. Él no dice nada, la observa. El piano suena ahora algo más fuerte. Ella tiembla. Vuelven a besarse, con gran dulzura, pero sólo unos instantes. De pronto ella se pone rígida y se aparta con violencia. Él se envara, mira sus ojos aterrorizados. Ella boquea, traga aire con desesperación, emite unos sonidos terribles. Él cierra los puños, aprieta los dientes, lucha con un grueso nudo que intenta formarse en su garganta.


Ilustración: Valeria Uccelli

Tratando de disimular sus dolorosos sentimientos, se acerca a ella y la besa en la mejilla, con suavidad y ternura. Ella aleja un poco la cara, lo mira por última vez con el horror dominando su mirada, y empieza a luchar con su respiración, que se convierte pronto en un estertor horrible.

Él comprende que el tiempo se ha acabado, que ha llegado el momento.

Acaricia su pelo, su frente, sus mejillas, su nuca, hasta llegar al contacto que han fijado en la base del delicado cráneo. La apaga. Ella cae floja como una muñeca; él la atrapa y la alza como si se tratara de un niño. La lleva a la cámara de congelación, la acuesta, cierra la puerta. Trata de no llorar.

La música se apaga, termina, se desvanece. Silencio.

Él pulsa los controles y se queda viendo la cara de su mujer, su compañera, hasta que la cubierta plástica se empaña. Luego vuelve a la sala, se sienta en un sillón, bebe un vaso tras otro, en silencio.

Ella está muerta, pero no desde ese momento: está muerta desde hace meses. El reanimador neural que le implantaron cumplió su función, una función por la cual ha pagado con todo, todo lo que tenía. Lo cierto es que, aunque quisiera gritar y golpear a alguien hasta matarle, en realidad no puede quejarse: el sistema no falló, su función era darle unas horas más que compartir antes de que las neuronas de ella terminaran de claudicar, y eso es exactamente lo que el sistema hizo.

La primera vez que la despertó conversaron largo rato, escucharon música y luego hicieron el amor. La segunda vez ella se sentía muy cansada, de modo que fueron a la cama y volvieron a amarse, aunque con tranquilidad, suavemente. La tercera vez sólo pudieron conversar y besarse un par de veces. La cuarta hablaron apenas unas palabras, acariciándose.

La quinta vez, tal como explicaba la parte del manual que él no había querido atender, sus células cerebrales ya no pudieron más y ella, entonces sí, debió morir por segunda, por última vez.

 

 

Eduardo Julio Carletti nació el 17 de abril de 1951 en Buenos Aires, Argentina. Actualmente vive en Ituzaingó, provincia de Buenos Aires. Ejerce la profesión de Ingeniero en Electrónica Digital y Robótica desde 1972. También es un reconocido aficionado a la Entomología y un estudioso de las Ciencias Naturales. Sin embargo su mayor notoriedad (en Argentina primero, en Hispanoamérica luego) la adquirió como escritor y editor de ciencia ficción.

Desde 1983 y hasta la actualidad ha publicado una obra literaria no muy extensa, principalmente cuentos y una novela, aunque ha logrado diversos premios y es reconocido en el exterior. Tiene obras publicadas en revistas y antologías de España, México, Venezuela, Cuba, Estados Unidos, Uruguay, Alemania, Polonia e Italia, además de Argentina.

Eduardo Carletti es el fundador de la legendaria revista electrónica de ciencia ficción, fantasía y terror Axxón, pionera no sólo dentro del género, sino también en el mundo de habla castellana: Nacida en marzo de 1989, fue la primera publicación electrónica (esto es, realizada en formato digital) en este idioma. En un principio, la revista se distribuía en diskettes de 5 ¼, pero a partir de 2001 pasó a tener un sitio propio en Internet.

Ha ganado varios premios Más Allá, otorgados por el Círculo Argentino de Ciencia-Ficción y Fantasía: por el cuento Defensa Interna (1985); por el cuento En la escala (1986); por la novela Instante de Máximo Quebranto (1987); por el libro de cuentos Por media eternidad, cayendo (1991); por su compilación de artículos Una mirada a la realidad, en la revista Axxón (1992); por el libro de cuentos Un largo camino (1992/93); por la antología Visiones (como antologista) (1992/93); y en 1990, 1991, 1992, 1993 y 1994 en el rubro «Revista», como director de Axxón. En 1994 recibió el premio Memoria Magnética, otorgado por el Círculo Puebla de Ciencia Ficción y Divulgación Científica, Puebla, México, por la revista Axxón.

 


Este cuento se vincula temáticamente con ENTRADAS ALEATORIAS de Adrián M. Paredes, MKTLOVE de Juan Guinot, EL CANTO DEL ANDROIDE de Luís Antonio Bolaños De La Cruz, EL AUTÓMATA de Carlos Almira Picazo

 

Axxón 209 – julio de 2010
Cuento de autor latinoamericano (Cuento : Fantástico : Ciencia Ficción : Cyborgs : Argentina : Argentino).

 

 


5 Respuestas a “«Muerte», Eduardo J. Carletti”
  1. Fernando José Cots dice:

    Eduardo:

    Este cuento es más poesía que cuento.
    Una poesía dolorosa, que te pega en ese punto flaco que todos tenemos, sobre todo cuando más grandes somos.
    Me he reencontrado hace poco con compañeros del secundario, gente que hacía cuarenta años que no veía.
    Si bien de algunas ausencias tenía noticias, de otras me desayuné en medio de la alegría del encuentro… que no fue tanta.
    Y es que el tiempo nos va rodeando de fantasmas hasta que nos extiende la ficha de afiliación.
    Y eso se ve en tu cuento, en el intento casi desesperado de mantener, a toda cosa, el recuerdo del ser querido.
    Y no por eso deja de ser ciencia ficción.

  2. Carlos Ferro dice:

    ¡Muy bueno! Compacto, contundente, con la medida justa… hay mucho de poesía en él, como apunta Fernando. Pero además es un cuento hecho y derecho, cuenta una historia… una historia de vida (y muerte) completa y cerrada, en estas pocas líneas. Super dramático (en el buen sentido, el griego). Y además, buena CF: tiene un artefacto tecnológico que todavía no existe, pero que perfectamente imaginable y racional, y analiza qué impacto produciría eso en la gente. Felicitaciones, Eduardo.

  3. Fraga dice:

    Comprensible y entrañable. Fantástico!!!

  4. Desmodius dice:

    Un excelente cuento con toques de poesía, es genial. Toca de forma muy convincente una situación que resultaría inhumanamente dolorosa si pudiera darse en la vida real; son palabras que transmiten esos sentimientos de angustia y dolor incapaces de tolerarse, que desgarran el alma y la hacen trizas. Excelente narración. Como punto negativo, comento que la narración resulta un tanto entrecortada, hilar las ideas de forma más fluida sería mejor en mi opinión.

    Estoy próximo a iniciar un gran relato sobre la concepción de la mente y su manipulación; al leer este tipo de cuentos, geniales en verdad, me doy cuenta que la perspectiva de mi relato es bastante limitada y debo expandirla mucho más si deseo transmitir en verdad las ideas que tengo pensadas para que el lector comprenda debidamente lo que me impulsó a crear dicho relato.

    Saludos,
    Desmodius.

  5.  
Deja una Respuesta