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El Mar Negro es un mar interior, situado entre Europa y Asia. Comunica con el Mediterráneo a través del Bósforo, mar de Mármara y Dardanelos; extensión, 411.500 km², y profundidad máxima 2.244 m. limitado por las costas de Georgia , Rusia, Ucrania, Rumania, Bulgaria y Turquía. La salinidad es escasa, aproximadamente la mitad que el mar Mediterráneo, y las aguas profundas son pobres en oxígeno, por lo que la vida no es posible a partir de los 200 m. de profundidad

Fue llamada la masa viscosa que se comió el Mar Negro. Hace treinta años, un barco de Norteamérica navegó por el Bósforo y arrojó el agua de lastre que contenía medusas peine que venían desde el puerto de origen. La invasora —Mnemiopsis leidyi— enloqueció, devorando plancton y provocando un declive catastrófico en la vida marina, incluyendo la pesca comercial. En un momento su biomasa alcanzó mil millones de toneladas, 10 veces la masa que maneja la industria anual de pescado a nivel mundial.

Alrededor de una década después, un barco desconocido, probablemente de la Bahía de Bengala, descargó su agua de lastre en las aguas costeras de Perú, liberando una cepa de cólera que contaminó los mariscos. La gente comió los mariscos y la enfermedad se propagó, matando a 12.000 personas en toda América Latina.

En este mismo momento podría estar ocurriendo lo mismo, o algo peor, en casi cualquier lugar. Por un tratado de las Naciones Unidas acordado en 2004, los buques están obligados a instalar un equipo que mate a los polizones biológicos en el agua de lastre; pero aún no ha sido ratificado por suficientes naciones como para entrar en vigor. Llegará el día cuando el comité de protección del medio ambiente de la Organización Marítima Internacional de las Naciones Unidas (OMI; en inglés International Maritime Organization: IMO) se reuna en Londres en mayo. Podemos esperar que sí se instaure, pero esto se ha dicho antes muchas veces.

Este retraso es vergonzoso. A menudo los problemas ambientales permanecen sin solución porque las soluciones son demasiado duras o demasiado caras, o el problema en sí es impugnado. Pero éste sigue creciendo debido a la indolencia de los gobiernos, la prevaricación de las compañías navieras y la falta de atención de los grupos ecologistas que, de haber llevado a cabo una campaña seria, sin duda, no se habría tenido que esperar hasta ahora. ¿Por qué Greenpeace y sus acólitos no han cerrando puertos hasta que se aplique la limpieza del agua de lastre?

La mayoría de los buques de carga y petroleros necesitan lastre para evitar vuelcos, sobre todo cuando están vacíos. La fuente más conveniente de este material es es el propio mar. Las naves suben agua a bordo luego de descargar sus bodegas, y sueltan el lastre cuando están recibiendo una nueva carga, a menudo en un puerto de miles de kilómetros de distancia.

Estamos hablando de una gran cantidad de agua. Un gran barco puede transportar 60.000 toneladas de lastre. Los 70.000 o más buques que estarían afectados por el tratado transportan más de 7 millones de toneladas de agua de lastre alrededor del mundo cada año, dice David Smith, director de servicios técnicos en el Laboratorio Marino de Plymouth, en el Reino Unido. Se estima que en cualquier momento el agua de lastre en todo el mundo contiene unas 7.000 especies diferentes en forma de semillas, esporas, plancton, bacterias y los huevos y las larvas de las criaturas más grandes.

Los ecologistas dicen que las especies exóticas son la segunda mayor amenaza a la biodiversidad del planeta, después de la destrucción del hábitat. Las especies marinas se encuentran entre los invasores más entusiastas, y el transporte global de agua de lastre es la principal causa de su propagación. Así es como el mejillón cebra europeo se metió en los Grandes Lagos de América del Norte, donde hubo que gastar miles de millones de dólares para evitar el bloqueo de los canales de riego y las tuberías de agua. Así es como los dinoflagelados tóxicos que causan la “marea roja” se extendieron alrededor del mundo, así es como los cangrejos chinos manopla llegaron a Europa, así es como el kelp asiático llegó hasta el sur de Australia, y como los mejillones mediterráneos llegaron a cubrir la costa de Sudáfrica.

El Mediterráneo, el mar más activo del mundo, tiene 900 especies exóticas en sus aguas, sobre todo dadas de alta por los tanques de lastre. Una nueva llega cada nueve días, según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente. No todas las especies exóticas causan problemas. La mayoría son inofensivas. Pero siempre está presente el riesgo de una nueva medusa peine, un nuevo mejillón cebra, o la infección de una enfermedad. ¿Por qué la demora en el tratamiento de la amenaza?

Para entrar en vigor, la Convención del Agua de Lastre requiere que 30 países ratifiquen el tratado, y los tenemos, pero estas naciones deben sumar en los registros el 35 por ciento del tonelaje de la flota mercante mundial. Hasta ahora, los estados ratificantes sólo llegan a un poquito más del 29 por ciento.

Los villanos principales son las naciones pequeñas que ofrecen “banderas de conveniencia” a las compañías navieras extranjeras para que puedan beneficiarse de los bajos impuestos y regulaciones laxas. De las principales banderas de las naciones de conveniencia, sólo Liberia, las Islas Marshall, y Antigua y Barbuda, que en conjunto poseen alrededor del 17 por ciento del tonelaje de la flota mundial, han ratificado el tratado. Panamá, Bahamas, Malta y Chipre, que en conjunto representan el 30 por ciento, no lo hicieron.

Pero tal vez el verdadero escándalo está en que muchas naciones industrializadas, que disfrutan dando conferencias a las naciones pequeñas acerca de sus deficiencias ambientales, también se echaron atrás. Si los EE.UU., el Reino Unido, Alemania, Italia y Japón se bajaran de su caballo y ratificaran la convención, su tonelaje colectivo causaría instantáneamente que el tratado entre en vigor. Deberían hacerlo.

La tecnología está disponible. La OMI ha certificado más de 20 sistemas comerciales de tratamiento que involucran varias combinaciones de filtración, irradiación, el ozono, el calor, electrólisis y biocidas.

Ciertamente, la renovación de la flota será costosa —hasta $ 500.000 dólares por buque para los buques más grandes— y llevará tiempo. Sin embargo, un estudio realizado por el grupo ambiental WWF sugiere que el costo económico de lidiar con las actuales especies invasoras en las aguas de lastre es más de tres veces el costo de prevenirlas. Y el que contamina debe pagar.

La más reciente queja de las líneas navieras, dice Smith, es que el cronograma progresivo del tratado para instalar las tecnologías de saneamiento para el año 2019 ahora es inalcanzable, pero el calendario sólo se pueden cambiar una vez que el tratado entre en vigor. Sin embargo, fue su prevaricación lo que causó este atraso. Es una mala excusa para no firmar.

En el siglo 20, los propietarios de los petroleros responderon a la indignación pública causada por una epidemia de derrames masivos limpiando sus acciones. Los derrames se han reducido en más de un 80 por ciento desde 1980. Seguramente ha llegado el momento de aplicar el mismo vigor para acabar con el lanzamiento de bombas de tiempo biológico en las aguas costeras del mundo.

Este artículo apareció en la prensa bajo el título “Los extranjeros a bordo”, por Fred Pearce, consultor en temas ambientales para la revista New Scientist.

Fuente: New Scientist. Aportado por Eduardo J. Carletti

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