¡ME GUSTA
AXXÓN!
  
 
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ARGENTINA

Lado A.

 

Ingeniero: Uno, dos, tres, cuatro, probando. Uno, dos, tres, cuatro. Querido Alexei Petrovich: te envío esta cinta grabada en el único momento del día en que puedo ponerme las pantuflas. Releyendo una vieja frase de Gorki, comprendí que en la discusión del mes pasado estuve un tanto rudo. Comprobé que tenías razón respecto a las fuerzas que ligan los protones en el núcleo, y que lo del campo magnético oscilante no podría prosperar en absoluto…

 

[Ruido de cinta pasada rápidamente]

 

Caterina: Y después sale tu voz. ¿Ves? Cuando la lucecita roja está prendida está grabando. Ahora decí algo.

Vania: ¿Y qué digo?

Caterina: Lo que quieras.

Vania: Stalin tiene caca en el bigote.

 

[Cachetada, luego llanto de Vania]

 

Caterina: ¡No digas esas porquerías que te enseñan en la guardería! ¡No llorés! ¡No llorés! A mí también me pegaban cuando decía eso. Callate que va a venir la mamá. Dale, decí algo más lindo…

Vania: (llorando aún) ¿Y quién era Stalin?

Caterina: Stalin era el jefe de los soviets.

Vania: ¿Y quiénes son los soviets?

Caterina: Los soviets somos todos nosotros, creo…

Vania: ¿Los gatos también?

Caterina: No, los gatos no. Bueno, si no vas a decir nada, lo apago.

[Ruido de una puerta que se abre]

Mijalova: ¡Chicos! ¿Qué están haciendo?

Caterina: Apagalo, Vania, apagalo.

Mijalova: ¿Qué hacen con ese grabador de nuevo? Ya te ha dicho tu padre…

[Ruido de cinta pasada rápidamente]

 

Ingeniero: …con tanta nieve fresca en los caminos. Me enteré en una reunión del partido de tus altibajos sentimentales. En la vida afectiva, querido Alexei, ninguna exponencial es continua, ningún sistema de referencia es gravitatorio. Y no pretendas convencerme de que guardás los secretos. Media planta sabe ya lo de las fotos del congreso en Dinamarca. Se las mostré a Sergei Illich y estaba verde de envidia. El pobre Sergei está cada vez peor…

 

[Ruido de cinta pasada rápidamente]

 

Caterina: Bueno, ya no llorés. Vení, cantá esa canción.

Vania: Nos van a pegar de nuevo.

Caterina: Dale, Vania, cantala.

Vania: (Canta) We are the world, we are the children….

 

[Puerta que se abre]

 

Ingeniero: ¡No toques eso, Vania! ¡Salí de ahí! ¡Caterina! Ya te he dicho que cuides a tu hermano para que no me toque los aparatos.

Mijalova: ¿Qué pasa ahora?

Ingeniero: ¡Mijalova Alieshka! Estos niños ya deberían estar durmiendo. Metelos en la cama y servime la comida, porque después tengo que grabar unos datos para Alexei Petrovich.

Mijalova: ¿Otra vez te vas a quedar grabando hasta la madrugada? ¿Cuándo vas a estar con tus hijos? ¡Yo soy tu mujer!

Ingeniero: ¡Servime la comida y callate! Caterina: alcanzame ese grabador.

Caterina: Sí, papá.

Ingeniero: ¿Estaba encendido?

Caterina: No, no, papá. ¡Fue Vania!

 

[Ruido de cinta pasada rápidamente]

 

Ingeniero: …en la correspondencia de Three Mile Island. Afirman que están a un paso de la teoría unificada. Parece que las cosas están más fáciles allá. Nadie les controla el número de fotocopias que hacen por trimestre. Además, los sistemas automáticos en las plantas nucleares son tan óptimos, que pueden organizar fiestas privadas casi permanentemente. Nadie se asombra de que se destile whisky en las cámaras de baja presión, ni de que se malgaste el tomate. Tenías también razón respecto a lo de Sonia Ivanova. Con la pasión del reencuentro las cosas siempre se salen un poquito de madre, pero creo que no deberíamos haberla golpeado tanto. Yo estaba tan borracho, y me excito más cuando…

[Ruido de una puerta que se abre]

Ingeniero: …pienso que pronto lograremos producir en serie un nuevo isótopo fortificado con Plutonio veinticinco a la sexta.

Mijalova: ¿Te lo dejo aquí?

Ingeniero: ¡Te dije que no me interrumpas! Hoy no quiero postre.

Mijalova: Pero si tiene vainilla… Tres horas en la cola para conseguir la vainilla, y ahora resulta que el señor no quiere postre.

Ingeniero: ¡No quiero postre! ¡Basta! Necesitaría que me enviaras el catálogo de los isótopos aleatorios…

Mijalova: No te quedes hasta muy tarde.

Ingeniero: ¡Ya voy! Como te decía, necesito que me envíes el catálogo de aleaciones metálicas livianas para… [portazo] para alta temperatura, porque perdí el que me asignaron jugando a los dados en la planta. Estuve a punto de recuperarlo dos veces jugando a la… [puerta que se abre]

Mijalova: ¿Puedo hablar con vos un moment…?

 

[Ruido de cinta pasada rápidamente]

 

Ingeniero: Pasando a otro tema, ya no se habla de mi traslado a Polonia. Por un lado es mejor, no soporto a las prostitutas católicas, ni las huelgas. Además, nunca hay tomate, y la mayonesa polaca está cada día más ácida. Aparte, perdería las reuniones a puerta cerrada con mi dulce secretaria ucraniana. Sería bueno que la conocieras, tiene unas…

[Ruido de una puerta que se abre]

Caterina: ¡Papá! Mamá está llorando, y Vania pregunta si los gatos son soviets.

Ingeniero: ¡A dormir, a dormir! Estos chicos… Alexei: ¿te acordás de esa ramera portorriqueña que conocimos en Checoslovaquia? Se llevó los datos de dilatación térmica de los reactores en mi última gira de inspección. ¡Recorrí todo Praga tratando de encontrar a esa bastarda! Por suerte Sergei Illich estaba conmigo y se quedó en comisión para recuperarlos. Ayer me llamó para avisarme que la encontró en una fiesta del Teatro Negro y recuperó mi maletín. Las cosas están mal en Praga. Nadie se explica por qué explotan las calabazas antes de la cosecha. En Rumania ocurrió lo mismo, pero con los labradores. Los biólogos afirman que se trata de un virus. Piensan aislarlo y vendérselo a los norteamericanos para que terminen con la desocupación. Las cosas están mal en Moscú también, poco a poco están vendiendo todo a Occidente. No me extrañaría nada que en Berkeley ya conozcan la fórmula de tu nuevo reactivo. Perdoná, Alexei, no quise herirte. No es mi intención con este comentario hacer referencia a tu desengaño con la doctora Parker. Pero, por favor, Alexei, poné los pies en la tierra. Vivimos en mundos diferentes. A ellos les sobra el tomate, pueden viajar a congresos hasta tres veces por año, y tienen mejor tabaco.

Vania: Miau, miau…

Ingeniero: Vania, ¿qué hacés levantado?

Vania: Papá: los gatos ¿son soviets?

Ingeniero: No, Vania, los soviets no son animales.

Vania: ¿Y qué son los soviets?

Ingeniero: Son el instrumento de lucha de los trabajadores que les permitió tomar el poder para instaurar la dictadura del proletariado. La lucha de clases es el motor de la historia.

Vania: Y los soviets, ¿cuidan a los gatos?

Ingeniero: Por supuesto, querido.

Vania: Y nosotros, ¿por qué no podemos tener un gato?

Ingeniero: Vamos, Vania, voy a acostarte.

Vania: Quiero un gato, quiero un gato, quiero un gato…

Ingeniero: ¡Mijalova! Vania está despierto.

Mijalova: ¡No grites! Despertarás también a la nena.

Caterina: Estoy despierta.

 

[Portazo. Discusión detrás de la puerta entre el Ingeniero y Mijalova Alieshka que no se entiende (2 minutos 43 segundos). Esporádicos gritos y llantos de los niños. Se abre la puerta]

Ingeniero: ¿Adónde vas ahora?

Mijalova: Voy a destrozar esa porquería de aparato. Ya no sé qué querés de mí. Ya no parezco tu mujer. Deberías haberte casado con ese maldito reactor.

Ingeniero: Bien sabés que los jueves a la noche me dedico a la correspondencia.

Mijalova: Yo no estoy disponible sólo cuando vos querés, yo también puedo querer.

Ingeniero: Bah… ¡tu cuerpo es más helado que el Báltico!

Mijalova: Hacé lo que quieras, estoy harta de tu moral estalinista.

Ingeniero: Shh… (en voz baja) No digas esas cosas. Estas paredes son de cartón, y no quiero que me investiguen como el año pasado. (Gritando) ¿Está claro?

Vania: Quiero un gato.

Mijalova: No te escapés del tema. Siempre encontrás un pretexto para pasar la noche con tus sucios cálculos, o grabando porquerías para los atorrantes de tus amigos.

Caterina: Vení, Vania, que te van a pegar de nuevo.

Ingeniero: Pero ¿qué estás diciendo? Desagradecida, analfabeta, bruta. Si no te hubieras casado conmigo estarías pudriéndote en una fábrica, o cosechando girasoles en las estepas.

Vania: Quiero un gato.

Ingeniero: ¡Dejá ese aparato, Vania!

 

[Ruido de cinta pasada rápidamente]

 

Lado B.

 

Ingeniero: Querido Alexei: continúo desde la planta. Anoche, después de acostar a los chicos, Mijalova se puso mimosa. Y uno también tiene que atender a la mujer, echarle un polvo de vez en cuando…

[Golpean a la puerta]

Ingeniero: ¡Adelante!

Secretaria: Camarada ingeniero, ¿puedo interrumpirlo?

Ingeniero: Por supuesto, pase, pase. Cierre la puerta.

[La puerta se cierra]

Secretaria: ¿Qué me vas a hacer hoy? ¡Demonio!

Ingeniero: De-de-de todo muñeca. Siempre estoy listo para vos.

Secretaria: Hoy no llevo nada abajo…

Ingeniero: A ver, a ver, a ver esas piernitas… ¡Ay! Es cierto, es cierto…

[Suspiros, besos, chirridos de una silla (18 segundos 4 décimas). Golpes a la puerta]


Ilustración: Fraga

Ingeniero: (en voz alta) ¡Ya va! (en voz baja) Acomodate. Soltame que puede ser alguien de arriba.

Secretaria: (en voz baja) No, no te vayas justo ahora, ¡no seas torpe!

Ingeniero: ¡Shhh!

[Golpean nuevamente a la puerta]

Ingeniero: ¡Adelante! Y también debe tenerse en cuenta la dilatación de tipo X48 barra 7.

[Se abre la puerta. Una sirena se escucha muy bajo en el fondo de la conversación]

Secretaria: ¿X48 barra 7, ingeniero?

Ingeniera: Camarada jefe de planta: Hay una emergencia. Están sonando los sistemas de alarma en la Sección Tres.

Ingeniero: ¡De nuevo la Sección Tres!

Ingeniera: De nuevo la Sección Tres, camarada. Y no creo que sea otra vez una falsa alarma.

Ingeniero: No se preocupe, camarada ingeniera. Hágame un favor. Vaya hasta la cocina y dígale al cocinero que por favor no haga funcionar la licuadora porque me sobrecarga la línea.

Ingeniera: Perdone, camarada, pero no creo que sea eso. El detector de radiación chilla como una abeja en celo soñando marquesinas en el limbo otoñal del gineceo.

Ingeniero: ¡Ingeniera! Veo que usted no entiende. Ha usado otra vez el detector de radiación sin llenar el formulario. Yo sé que usted es nueva aquí, pero yo ya la previne. Vaya hasta la cocina, y verá como todo se soluciona desenchufando esa podrida licuadora.

Ingeniera: Está bien, camarada. Pero considero que el asunto es más serio de lo que parece, y usted al menos debería…

Ingeniero: ¡Vaya por favor! Usted está muy agitada desde que llegó. Esto no es Moscú, querida. La autorizo a que se tome el día. Si quiere, puede visitar el museo Lenin.

Ingeniera: Como usted ordene, camarada.

[Portazo. El ruido de alarma disminuye al cerrarse la puerta. Luego arrumacos, besos]

Secretaria: ¿Estás nervioso, divino? ¿Querés que me baje a los Países Bajos a cantar la Internacional?

Ingeniero: No, no es eso, mi conejita. Pero mejor dejamos esto para más tarde. Esta ingeniera nueva es una imbécil, seguro que va a volver a interrumpir. Después te llamo.

Secretaria: Como usted diga, ingeniero.

Ingeniero: No te ofendás, vení, vení…

[La puerta se abre y se cierra con un portazo. Hay un sonido de alarma al fondo que se hizo más fuerte durante el intervalo que la puerta estuvo abierta (2 segundos 3 décimas)]

Ingeniero: Alexeiii, iuhhjuuu…. Dejé abierta la cinta sólo para que vieras cómo me trata mi secretaria. Las ucranianas son increíbles. La otra es una ingenierita nueva que vino de Moscú. Es un poquitito dura de carácter, pero tiene unas caderas fabulosas.

[Suena el teléfono]

Ingeniero: ¿Aló? Pero claro que la mandé yo. No me mienta. Ya sé que usted la usa sin que yo sepa. ¿Consiguió el tomate? ¿Y a qué hora va a llegar? ¿Y qué cocinó hoy? ¡Otra vez salmón! Bueno, bueno, pero hágalo con salsa fenicia. ¡Y no use más la licuadora!

[Sonido del teléfono al ser colgado. Golpean la puerta]

Ingeniero: ¡Adelante!

Sergei: Camarada jefe de planta, estoy de vuelta con un presente para usted.

Ingeniero: Sergei Illich, pasá, hombre, pasá. Dejá eso ahí, después hablamos. ¿A que no sabés a quién le estoy grabando una cinta?

Sergei: A la Casa Blanca. [Risas]

Ingeniero: Al Vaticano. [Risas]

Sergei: A Ho Chi Minh. [Risas]

Ingeniero: Nada de eso. Nada más ni nada menos que a Alexei Petrovich.

Sergei: ¡Alexei Petrovich! [Risas] ¡Hola, viejo zorro! Muy lindas poses en las fotos de Dinamarca. ¿Estás desconsolado aún por lo de la doctora Parker? [Risas] Si vieras qué bien la pasamos aquí en Chernobyl, Alexei. Deberías venir para que reanudáramos ese trío. Siempre recordamos nuestra época de estudiantes en Kiev. ¡Con cuánto entusiasmo falsificábamos los experimentos en el laboratorio de cuántica, sólo para estar una hora más en la cama de Sonia Ivanova! Esto merece un brindis.

Ingeniero: Servite lo que quieras, Sergei… [Ruido de una botella que se abre y líquido que cae]. Para mí, muy poco.

Sergei: ¡A la salud de Sonia Ivanova!

Ingeniero y Sergei: (cantando) Sonia Ivanova, Sonia Ivanova…

[Suena otra alarma]

Sergei: A ésta no la había escuchado nunca.

Ingeniero: Sergei, andá hasta la biblioteca y deciles que no hagan funcionar la fotocopiadora. Entre esos imbéciles y el cocinero van a volverme loco.

Sergei: Ya voy. [Ruido de una botella que se abre y líquido que cae] Esperá que pruebe esto.

Ingeniero: Ese no es muy bueno. Volvé después y descorchamos una de vino del Cáucaso.

Sergei: Voy, voy.

[El sonido de la alarma se hace más fuerte]

Ingeniera: Camarada jefe de planta, la situación se está agravando. Hay una pérdida en los sistemas de enfriamiento.

Ingeniero: No se alarme, ingeniera. ¿Puede volver dentro de media hora?

Ingeniera: Creo que es urgente, ingeniero.

Ingeniero: Muy bien, vamos a resolver esto entonces. Vaya, Sergei Illich, vaya. Vuelva en media hora más o menos.

Sergei: Ya voy. [Ruido de licor bebido apresuradamente] ¿Cierro la puerta?

Ingeniero: Sí, por favor. Ingeniera, no se ponga nerviosa. [Cuando la puerta se abre y se cierra para que salga Sergei, la alarma es aún más fuerte]. Ahora que por fin estamos solos… ¿nunca le han dicho que tiene unos ojos muy bonitos?

Ingeniera: ¡Suélteme! ¡Usted está loco!

Ingeniero: Sí, loco por vos, abejita.

Ingeniera: Suélteme. ¡Desocupen la planta! ¡Desocupen la planta!

[El ruido de la alarma se hace más fuerte. Suena el teléfono]

Ingeniero: ¿Aló? ¿Cómo que no consiguió tomate? Dije salsa fenicia. La salsa fenicia no tiene gracia sin tomate. No, lo de siempre. No se alarme, todo está bajo control.

[Sonido del teléfono al colgar].

Ingeniero: Querido Alexei: Deberé continuar con esto en otro momento. Hoy hasta el imbécil del cocinero insiste con la estúpida idea de que el reactor recalienta.

[Las sirenas suben de volumen]

 

 

Daniel Martín y Daniel Cacharelli fueron los guionistas más prolíficos del controvertido grupo teatral y cinematográfico El Escupitajo Producciones, activo en la ciudad de Córdoba (Argentina) en los años 80 y 90 del siglo pasado (e inactivo en los que vendrán). El grupo produjo tres películas y numerosas obras de teatro. Parte de su obra teatral ha sido rescatada recientemente en el libro Sin la espada, con la pluma y la escafandra (Ediciones El Apuntador, 2006), adonde fue originalmente publicada la obra que se publica aquí.
Actualmente Daniel Cacharelli ha abandonado la palabra para convertirse en mimo, y Daniel Martín disfruta de las ventajas del suicidio en su exilio estético en Australia.

 


Este cuento se vincula temáticamente con ANTES, de Enrique Castillo, LA LIBERTAD DEL MONSTRUO, de José María Tamparillas, INVIERNO, de Adelaida Saucedo

 

Axxón 203 – diciembre de 2009
Cuento de autor latinoamericano (Cuento : Fantástico : Ciencia Ficción : Humor : Sátira : Argentina : Argentino).


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