¡ME GUSTA
AXXÓN!
  
 
Imprimir version limpiaVersion PDF de esta pagina 

MÉXICO

 


Ilustración: Pedro Belushi

El hombre del sombrero de copa caminaba absorto en sus pensamientos cuando algo llamó su atención. Su mirada se situó sobre el letrero clavado en uno de los postes del alumbrado a gas. Los carruajes pasaban lentos, y las calles sucias de lodo y la neblina de la tarde congelaban los ánimos.

El letrero estaba escrito con grandes letras a una tinta y decía:

“Doctor Cronos, alumno de Mesmer. Adivinación. Electricidad y magnetismo animal. Las maravillas del futuro, hoy. Situado en la entrada norte de este pueblo”.

El del sombrero de copa se dirigió rápidamente hacia el norte. Pronto dio con un carromato cerrado. Un hombre alto vestido de negro, de mirada penetrante, barba cerrada y nariz prominente como el pico de un ave, se encontraba sentado con la espalda apoyada en la rueda del carromato, envuelto en una frazada. Ante él, una fogata chisporroteaba con lentitud.

—¿Doctor Cronos?

—¿Quién busca a Cronos y no lo conoce? —respondió el hombre sentado ante la fogata.

—Permítame presentarme —dijo el otro—, mi nombre es…

Expuso un plan extraño ante quien consideraba un charlatán ambulante con un pseudónimo ridículo. Dicho plan consistía en que Cronos le transmitiría una frase aún más extraña a un hombre que el sujeto del sombrero llevaría como acompañante a su presentación estelar.

—Verá —explicó el del sombrero—, es una broma y le pagaré bien por ella.

Extrajo una bolsa de cuero con monedas, la vació en la palma de la mano, se guardó tres en el bolsillo del abrigo y el resto lo tendió al charlatán, quien cogió la bolsa con dos dedos y la puso a su lado, en el suelo, hurgando con los ojos en las llamas.

—Sólo eso… —rió el del sombrero —, es tan cobarde que creerá que es cierto el asunto de su ejecución en la horca… es el pusilánime del pueblo…

Cronos guardó silencio. Cuando el otro se retiraba, levantó la vista de la fogata y dijo:

—Dos…

El del sombrero se volvió ante la voz profunda del charlatán.

—¿Ha dicho algo?

—Le diré que habrá dos…

—¿Dos?

—Dos ahorcados.

El del sombrero lo miró sin entender, esperando algo más. Se sentía algo turbado. Sacudió la cabeza, como espantando un insecto molesto, le dio la espalda a Cronos y se convenció de que esa pequeña mentira no tenía importancia.

—Mientras se lo diga, todo estará bien.

Al día siguiente las sillas delante del carromato estaban ocupadas por personajes de todo el pueblo. Cronos salió de detrás de una cortina negra y pesada que separaba el proscenio improvisado de la concurrencia y el carromato. El hombre del sombrero de copa sonrió ante el oscuro personaje que lo localizó entre la concurrencia. Los ojos del doctor hubieran perturbado a alguien menos cínico. Con una casi imperceptible inclinación de cabeza hacia la derecha, señaló a la víctima.

—Este acto comprende un proceso de contacto mental entre alguien del público que se ofrece como voluntario y yo mismo —empezó Cronos—. Después de unos pases mesméricos sobre el cuerpo del voluntario, estableceré una comunicación íntima y única.

Muy pocos levantaron la mano. La víctima se revolvió en su silla cuando Cronos se le acercó.

—Sería una muestra importante de tu arrojo si te ofreces como voluntario en este acto, querido amigo— insinuó, sonriendo, el hombre del sombrero.

Todas las miradas se dirigieron a la víctima, que tembló un poco. Su mano se levantó como poseída por una voluntad propia. El dedo índice apuntó al cielo. Cronos se acercó y lo miró. Los ojos de la víctima se hundieron en la mirada oscura y su cuerpo en la silla. Cronos le pasó las manos sobre el rostro, sudoroso a pesar del frío. El del sombrero de copa tuvo que llevarse las manos al estómago para no estallar en risas. Cronos se inclinó hacia la víctima y le susurró al oído:

—Escucha y mira en tu propia cabeza… escucha… mira… Cuando venía hacia acá a caballo y mis ayudantes me seguían a distancia en el carro, fui el primero en ver el árbol seco a las afueras del pueblo. Hay un páramo estéril ahí. De la rama más baja y gruesa pendía un cuerpo, algunas aves de rapiña sobrevolaban en círculos el lugar. El cuerpo giró lentamente y vi el rostro del muerto. Esa cara hinchada con ojos desorbitados era la tuya. Lo que tengas que hacer, hazlo pronto.

Los asistentes voltearon a ver cuando el hombre tembloroso se levantó y se marchó aprisa. El del sombrero rió, por fin, casi cayendo de la silla. El resto del tiempo el espectáculo de Cronos —ese charlatán, para el hombre del sombrero—, fue de asombro en asombro y el público olvidó el incidente anterior: pasaba las manos sobre el rostro de alguien y decía cosas que sólo sabía aquél. Afirmaba, a la vez, profetizar cosas buenas y malas.

Al otro día, la noticia pasó de boca a oreja por toda la población. Habían asaltado el banco y matado al cajero con tres tiros a quemarropa. El asaltante había sido detenido en seguida sin oponer resistencia. Ni siquiera había intentado huir. En su mirada había alivio y resignación. Se trataba de “la víctima” de Cronos. ¿Cómo era que un personaje oscuro como aquél, el tonto del pueblo, había cometido tal atrocidad?, se preguntaban todos.

—Lo que me dijo me llenó de seguridad —le reveló el ladrón al comisario—. La seguridad y confianza que jamás había sentido. Me fue fácil hacerlo, pero no era mi intención matar a nadie ni robar nada… sólo… sólo me sentí bien al hacerlo…

Su juicio fue breve y la sentencia, rápida. Lo colgaron del árbol muerto a la entrada del pueblo al día siguiente. Las aves de rapiña se presentaron en seguida. El hombre del sombrero subió al puente entonces: con un gesto solemne se quitó el sombrero y lo arrojó al río.

—Nadie se ahorca con el sombrero puesto —murmuró, horrorizado por la manera en la que había actuado la ahora verdadera víctima. No asistió al sepelio y pasó tres días gritando que él era el verdadero asesino. También murmuraba incoherencias sobre pases magnéticos y mesmerismo. La tercera noche lo encontraron colgando de las vigas del ático.

Primero lo vio una lechera que hacía un camino largo entre varios pueblos, luego lo contó en la cantina un borracho: el rostro del tonto del pueblo se había hinchado, sus ojos estaban desorbitados ante visiones que sólo un muerto podía ver y las aves de rapiña volaban sobre el árbol. También contó que un jinete de negro sobre un caballo negro, seguido por un carromato, se había detenido ante el ajusticiado. Sus ojos penetrantes parecían haberse grabado con fuego las facciones del ahorcado.

Pocas horas después el carromato llegó al pueblo y se instaló al norte, en un terreno baldío. El hombre de negro se anunció con grandes letreros a una tinta que sus ayudantes clavaron en los postes del alumbrado a gas, y que decían:

“Doctor Cronos, alumno de Mesmer. Adivinación. Electricidad y magnetismo animal. Las maravillas del futuro hoy. Situado en la entrada norte de este pueblo”.

 

 

Pé de J. Pauner es un narrador, ensayista, crítico de cine y biólogo mexicano que ha hecho activismo y performance. Ha publicado novela erótica y ha sido antalogado en latinoamérica, Australia y España. En el género de la Ciencia Ficción ha publicado el ensayo “Las cinco grandes utopías del Siglo XX” en la web española Alfa Eridiani.

Hemos publicado en Axxón, además de varias ficciones breves: EL HOMBRE EQUIVOCADO, EL OTRO MESÍAS, NOCHES DE BANTIAN, LA NOCHE DE TEMPOAL, AHÍ FUERA, DESPOJOS, ASÍ PERMANECE HERMOSA LISA MARIE (ANTICUADA CANCIÓN PARA SONÁMBULOS) y UNA MUERTE EN CASA.


Este cuento se vincula temáticamente con TOPACIO, de Graciela Lorenzo Tillard y Fabio Ferreras; NARHITOREK, EL NIGROMANTE, de Juan Manuel Valitutti y CUENTAN LOS SOLDADOS, de Yoss.


Axxón 241 – abril de 2013

Cuento de autor latinoamericano (Cuentos: Fantástico: Fantasía: Magia: Hipnotismo: México: Mexicano).


Deja una Respuesta



ÍNDICES DE LAS REVISTAS AXXÓN
87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98 99 100 101 102 103 104 105 106 107 108 109
110 111 112 113 114 115 116 117 118 119 120 121 122 123 124 125 126 127 128 129 130 131 132
133 134 135 136 137 138 139 140 141 142 143 144 145 146 147 148 149 150 151 152 153 154 155
156 157 158 159 160 161 162 163 164 165 166 167 168 169 170 171 172 173 174 175 176 177 178
179 180 181 182 183 184 185 186 187 188 189 190 191 192 193 194 195 196 197 198 199 200 201
202 203 204 205 206 207 208 209 210 211 212 213 214 215 216 217 218 219 220 221 222 223 224
225 226 227 228 229 230 231 232 233 234 235 236 237 238 239 240 241 242 243 244 245 246 247
248 249 250 251 252 253 254 255 256 257 258 259 260 261 262 263 264 265 266 267 268 269 270
271 272 273 274 275 276 277 278 279 280 281                        
Nedstat Basic