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ESPAÑA  ESPAÑA

El objetivo de este breve ejemplario es servir de introducción a los futuros miembros del Cuerpo Diplomático de Planetas Unidos de la variedad de hábitos reproductivos con los que se pueden encontrar una vez sean destinados a un puesto diplomático en territorio alienígena.

Esta pequeña colección de ejemplos no pretende resultar una compilación exhaustiva y carece del rigor que se exige en una publicación académica. Para ello se remite a los alumnos a la bibliografía recomendada.


Los marraklainos equiparan el sexo al lugar en el que realiza.

Ampliación

Ilustración: Pedro Bel

Habitan un mundo similar a la Tierra. Su apariencia es humanoide pero, al descender de crustáceos, se reproducen mediante huevos, que ponen en nidos excavados en las playas arenosas de su planeta. La fecundación es externa: la hembra pone los huevos en un rudimentario agujero y el macho los fecunda rociándolos con su esperma. Una vez hecho esto, cubren el nido con arena.

Los cuidados paternales de los marraklainos terminan aquí. Macho y hembra abandonan el lugar y se despreocupan por su descendencia. Los progenitores no cuidan los nidos, ni tampoco las larvas que eclosionan de ellos.

Desprotegidos, los huevos se convierten en una presa fácil para los depredadores. Y cuando eclosionan la cosa no mejora. En cuanto nacen, las larvas tienen que emerger por su cuenta a la superficie y llegar al mar lo antes posible, arrastrándose por la arena con sus pequeñas extremidades. En estas circunstancias, la mayor parte de los marraklainos son devorados en su más tierna infancia y solo una estricta minoría vuelve a la playa que los vio nacer, ya en forma adulta.

Los adultos no mantienen contacto ni con sus progenitores ni con su descendencia. Los marraklainos consideran que su única obligación para con sus descendentes es la puesta. Es ese momento, único y peligroso, el que centra todas sus preocupaciones.

La biología ha hallado un sencillo mecanismo para mejorar las magras posibilidades de sobrevivir de los pequeños marraklainos: todas las puestas se realizan tres días concretos del año. La especie confía en la superioridad de sus números frente a la voracidad de los depredadores.

El advenimiento de la civilización no cambió lo que la evolución había gestado durante millones de años. La puesta siguió siendo una obsesión para los marraklainos pero el barniz del progreso añadió leyes, costumbres, tabúes y protocolos. Hoy en día los días de puesta se declaran festivos, se cierran por ley todos los servicios salvo los esenciales y es obligatorio que los adultos acudan a las playas para ahuyentar a los posibles depredadores.

Buena parte de esas costumbres son atavismos evolutivos y carecen de utilidad en la vida moderna. Así, por ejemplo, la concentración de adultos en las playas era necesaria cuando grandes manadas de depredadores campaban a sus anchas, asaltando los nidos. Pero carece de sentido hoy en día, cuando los marraklainos están armados con rifles de pulsación.

Del mismo modo, millones de años atrás, los antecesores de los marraklainos mantenían los puntos de puesta fuera de la vista de los predadores. A esa medida, aunque lógica en la prehistoria, se le ha dado una absurda vuelta de tuerca hoy en día. Así, durante los tres días de puesta, los extranjeros son tratados como un peligro público y tienen prohibido pisar la calle. Incluso el resto del año sufren severas restricciones de movimientos, estando vetada su entrada a la costa y, por añadidura, a todos los lugares arenosos del planeta.

El obsesivo celo de los marraklainos por sus puntos de puesta limita no solo a los extranjeros sino a su propia civilización. El conocimiento de la ubicación de los puntos de puesta está restringida a los individuos adultos y solo puede compartirse de forma oral. Por si fuera poco, está terminantemente prohibido mostrar imágenes de playas o de arena en general. Dichas imágenes se consideran pornográficas y su exhibición pública está severamente penada.

Al no poder publicar información sobre los lugares de puesta, se da la circunstancia de que la cartografía marraklaina es tan imperfecta como la de la Edad Media europea. En los planes de estudio no se incluye la geografía y los libros al respecto están censurados. De resultas de todo ello, los conocimientos de geografía de los que dispone el habitante medio son muy deficientes y constituyen una mezcla de mitología y rumorología. Los marraklainos, viviendo en permanente ignorancia, fantasean sobre monstruos, islas de pura arena y lugares de puesta cuya existencia es ocultada por el gobierno.

No son pocos los marraklainos que se despeñan por carreteras que no figuran en el mapa o bien fallecen tratando de alcanzar islas inexistentes.

La censura marraklaina, en lugar de protegerles contra los depredadores, se ha convertido en su peor enemiga.


Los acretores consideran que el amor es, por la propia naturaleza del universo, algo efímero.

Se trata de una de las especies más singulares de la galaxia. Mientras el resto de civilizaciones ha progresado en la estabilidad de los planetas, los acretores se han desarrollado en un entorno mucho más hostil y cambiante: el disco de acreción de un agujero negro.

Los acretores, pues, viven en gravedad cero, orbitando en torno al agujero negro. Al no existir un «arriba» ni un «abajo», su cuerpo ha esquivado la simetría bilateral que tan típica es en los planetas y están formados por un bulbo central con forma de icosaedro y doce tentáculos, uno por cada vértice.

Los acretores no se comunican mediante sonido, que sería de escasa utilidad en el cuasi vacío en el que viven. En su lugar, emiten luz mediante unos orgánulos situados en su piel, llamados cromatóforos. Cuando un acretor habla, los patrones de luz que emite, vivos y cambiantes, son todo un espectáculo hipnótico para un humano.

Constan de tres sexos: macho, hembra y neutro. Esto hace que su núcleo familiar sean las tríadas. En materia de reproducción quien tiene el embarazo es el neutro mientras que machos y hembras, mediante la cópula, introducen sus células reproductoras en la vagina del neutro.

Pero, si su fisiología es extraña, mucho más lo es la forma en la que el medio ambiente ha moldeado su cultura. Mientras que los habitantes de un planeta consideran fijos los accidentes geográficos (montañas, ríos, mares…), no sucede lo mismo para el disco de acreción en el que viven los acretores. Allí el material del disco orbita el agujero negro central. Dado que cada objeto tiene una órbita diferente, la distancia entre ellos es variable. Para los acretores se da, pues, la circunstancia de que las ciudades se mueven.

No solo se mueven. Los objetos del disco de acreción no orbitan en un sentido estricto sino que tienden a caer hacia el agujero negro. Inevitablemente, si no se le pone remedio, todo lo que hay en el disco de acreción termina siendo engullido por el agujero negro. Si el disco sigue existiendo es porque la estrella que orbita alrededor del agujero negro aporta continuamente materia al disco. Así, el disco siempre existe aunque la materia que lo forma no es la misma.

La civilización acretora está profundamente influida por este entorno. Para ellos, no existe nada eterno. No existe nada parecido a las ruinas de una civilización antigua. Toda la materia que les rodea fue arrancada de una estrella y, tarde o temprano, caerá a un agujero negro. Dado que su medio ambiente es efímero, consideran que el estado de natural de las cosas es que estas cambien. Como dicen ellos «todo fluye». Oponerse al cambio es antinatural e inmoral.

Esto se aplica también a sus tríadas. La idea del amor eterno ni siquiera la toman en consideración. Para ellos, las tríadas deben romperse. Es lo natural.

Así pues, se llega a la paradoja de que en las historias de amor de los acretores el final épico que todo el mundo está esperando no es el de la unión entre los enamorados sino el momento de la ruptura.

Para los acretores, las mejores historias de amor son aquellas que terminan.


Los silmalinos consideran que las imágenes de ellos mismos son personas de pleno derecho.

La naturaleza no ha sido generosa con los silmalinos. La estrella en torno a la cual gira su planeta experimenta súbitos cambios de brillo. A esto se le une que la órbita de su mundo, muy excéntrica, produce temperaturas extremas en el perihelio y el afelio. La combinación entre los dos factores convierte la meteorología silmalina en una impredecible pesadilla, que solo ha podido resolverse satisfactoriamente desde la irrupción de los ordenadores.

Los silmalinos se han adaptado para sobrevivir a estas caóticas condiciones. Son unas criaturas peludas, de tamaño similar a una oveja, que caminan a cuatro patas y cuentan con una trompa prensil, con la que manipulan objetos con habilidad. Para protegerse de la inclemente meteorología pasan largas temporadas bajo tierra, donde excavan túneles con sus zarpas delanteras.

No solo los silmalinos; la mayor parte de las especies animales han adoptado estrategias para protegerse de la cruel meteorología, bien sea refugiándose bajo tierra, hibernando o migrando.

Pero, incluso con esos mecanismos, cuando la adversidad llama a la puerta, la mortandad resulta implacable. Cuando regresa la bonanza es necesario generar un gran número de individuos en poco tiempo. La mayoría de seres del planeta solucionan el problema recurriendo a la partenogénesis. Es decir, no existe la reproducción sexual. En su lugar, cada individuo es una copia de su progenitor.

Los silmalinos están entre las especies del planeta que recurren a la partenogénesis. Cada individuo deviene una réplica exacta de su progenitor.

Los silmalinos realizan una sinécdoque entre la copia y el individuo, hasta el punto de que ambas reciben la misma palabra. Así, todo individuo es una copia de otro pero –aquí viene lo realmente curioso– consideran que toda copia de un individuo es también un individuo. Debido a esto, toda copia de un silmalino constituye un nuevo silmalino y goza de los mismos derechos y obligaciones que cualquier otro individuo.

Todas las sociedades de la galaxia consideran que la imagen de una persona es importante. Por eso todas cuidan su apariencia física, tratan de proyectar la mejor imagen, atesoran fotografías de sus momentos más felices y veneran las figuras de sus líderes. Pero en la sociedad silmalina la imagen de una persona tiene un poder que no se alcanza en ninguna otra conocida.

Artes como la pintura, la escultura y la fotografía están restringidas y se requiere de un permiso especial para ejercerlas. Las únicas formas de arte que se toleran son de estilo realista. La destrucción de una obra de arte está penada con la muerte. Las esculturas gozan de derecho a voto. Las pinturas desfilan en procesión una vez al año mientras los silmalinos las tratan como deidades, dedicándoles ofrendas y rezos.

La irrupción de la fotografía no relajó las restricciones. Al contrario, las empeoró. La posibilidad de que una persona pudiera, en una tarde, realizar copias no autorizadas de decenas de individuos, se consideró un riesgo inaceptable. Debido a esto las fotografías y vídeos quedaron sujetos a unas regulaciones aún más rigurosas.

Ahora viene la parte más interesante para el resto de la galaxia. Por supuesto, el gobierno silmalino no tolera que los extranjeros vayan al planeta y tomen fotografías o vídeos. De hecho, está prohibido entrar en el planeta con cámaras y los visitantes que llegan al planeta son registrados exhaustivamente en busca de peligrosas máquinas de fotos. Algunos visitantes tratan de eludir las prohibiciones pero se arriesgan a largas condenas por el mero hecho de ser descubiertos con una cámara en el bolsillo.

Semejantes medidas disuaden a la mayor parte de potenciales turistas. Para el resto de habitantes de la galaxia, unidos por el ansible, compartiendo las imágenes obtenidas con sus cámaras, sus móviles o sus ojos cibernéticos, resulta inconcebible visitar un mundo en donde nada de eso es posible, donde se tienen que conformar con la pobreza de sus meros recuerdos.

Así, involuntariamente, a pesar de que su planeta goza de algunas de las mejores joyas geológicas de toda la galaxia, los silmalinos apenas reciben visitantes. Su celo anticámaras los ha convertido en una de las especies más aisladas de la galaxia.

Son pocos los turistas que están dispuestos a ir de vacaciones y no poder colgar fotos en la red.


Para los gagblátidos la reproducción es algo misterioso que nunca alcanzan a comprender.

Viven en el fondo del océano, un lugar con escasos nutrientes y en el que apenas hay alteraciones de las condiciones ambientales. Sin cambios en la luminosidad, temperatura, salinidad e incluso sin corrientes destacables, los gagblátidos llevan una existencia plácida. La escasez de nutrientes hace que la especie cuente con pocos individuos, por lo que los encuentros entre gagblátidos son poco comunes.

En este remanso la evolución no ha tenido que esforzarse mucho. Mientras la inmensa mayoría de especies de la galaxia son entes pluricelulares en los que las células se especializan para crear diversos tipos de tejido, la evolución de los gagblátidos los ha llevado por otro camino. En su tranquilo mundo incluso los seres unicelulares pueden alcanzar grandes tamaños sin problemas.

Los gagblátidos son, en ciertos aspectos, similares a los seres unicelulares terrestres. Así, se reproducen por mitosis. No obstante, la existencia de una única célula no implica que los gagblátidos sean seres sencillos. Cada uno de ellos cuenta con un completo aparato digestivo, sentidos, medios de locomoción y un complejo sistema nervioso central.

Para alcanzar toda esa complejidad en una única célula la naturaleza ha adoptado todo tipo de soluciones originales. Así, por ejemplo, los recuerdos se codifican en cadenas de ADN. El almacenamiento o modificación de la información no puede resultar más sencillo para los gagblátidos: basta añadir o modificar bases de ADN.

El sistema permite a los gagblátidos grabar ingentes cantidades de información y recuperarla con facilidad y sin errores. Por añadidura, la memoria –almacenada en el ADN– se copia durante la mitosis por lo que al nacer los dos nuevos individuos cuentan con los recuerdos de su progenitor. La capacidad, fiabilidad y transmisibilidad de esta memoria la convierte en una de las más espectaculares de la galaxia. Gracias a estas cualidades casi sobrenaturales los gagblátidos no conocen los libros y carecen de sistema educativo, pues no precisan recurrir a ayudas externas para transmitir conocimientos.

No obstante, el sistema tiene un punto débil, que se manifiesta cuando se realiza el acto reproductivo, es decir: la mitosis. En ese momento, para copiar los recuerdos, conocimientos y personalidad, el ADN se blinda y no permite añadir nueva información.

Así pues, en uno de los instantes claves de su existencia, el momento en el que traen una nueva vida al mundo, los gagblátidos son incapaces de almacenar el recuerdo. Queda, para siempre, como una mancha borrosa, un periodo de unas horas del cual no recuerdan nada. Al haber pocos individuos y realizarse en cavernas, el acto se realiza sin testigos y nadie puede dar fe de qué sucede en realidad. Y, para rematarlo, al carecer su civilización de libros o de vídeos, tampoco pueden recurrir a ayudas externas para comprender el proceso.

Para los gagblátidos la reproducción queda, por tanto, envuelta en el misterio. A veces, dos gagblátidos se encuentran y, al hablar entre ellos, se dan cuenta de que comparten recuerdos o coinciden en sus canciones favoritas. Pero no comprenden lo que verdaderamente implica.

Curiosa es la biología de los gagblátidos que, pese a poseer de una de las memorias más prodigiosas de la galaxia, no recuerdan haber tenido hijos.


Esperamos que este breve ejemplario haya servido a los alumnos del Cuerpo Diplomático de Planetas Unidos para comprender un hecho fundamental: la reproducción es una de las piedras angulares de toda civilización. En ese ámbito dan rienda suelta a sus instintos más primigenios y sus regulaciones más absurdas. Una vez en destino tendrán que amoldarse a la cultura alienígena y abordarla con mentalidad abierta.

Y recuerden una cosa. Del mismo modo que a nosotros nos pueden parecer absurdas las costumbres alienígenas, a ellos les pueden parecer absurdas las nuestras, pero compartimos un mismo afán.

Todas las civilizaciones tienen descendencia.


Pedro Pablo Enguita Sarvisé nació el 9 de noviembre de 1975 en Barcelona, donde sigue viviendo actualmente. Estudió Ciencias Físicas y actualmente trabaja como informático. Además de escribir su principal afición es hacer deporte. La inspiración la encuentra donde puede y nunca (nunca) toma notas porque si después lee las notas estas no le gustan. Además de en Axxón, también ha publicado en las revistas electrónicas NGC3660, BEM On Line, Nuevo Mundo, NGC 3660 y Alfa Eridani y en la revista en papel Próxima. Ha aparecido en las antologías Visiones 2017 y Visiones 2019 de Pórtico-AEFCFT. La editorial Amarante publicó una compilación de sus cuentos titulada «Los pintores de estrellas verdes».

Ha publicado en Axxón; en Ficciones: COPYRIGHT (nº 186), LA VERDADERA Y MUY EDIFICANTE HISTORIA DE LOS XEINIFORMES (O DE POR QUÉ EN EL UNIVERSO NO HAY ESTRELLAS VERDES) (nº 202)


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