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Olvídese de la energía eólica o la energía solar convencional, las necesidades de energía del mundo se pueden cubrir 100.000 millones de veces con un satélite que aproveche el viento solar y transmita la energía a la Tierra; aunque centrar el haz puede ser complicado

El diseño del llamado satélite Dyson-Harrop comienza con un largo lazo de alambre metálico apuntado hacia el Sol. Este cable se encarga de generar un campo magnético cilíndrico que engancha los electrones que componen la mitad del viento solar. Estos electrones son canalizados a un recipiente metálico esférico para producir una corriente, que genera el campo magnético del alambre, haciendo auto-sostenible al sistema.

Toda la corriente que se utiliza para el campo magnético alimenta un láser infrarrojo dirigido a antenas parabólicas en la Tierra, diseñadas para recoger la energía. El aire es transparente al infrarrojo, de modo que la atmósfera de la Tierra no absorbe la energía del haz antes de que éste llegue al suelo.

Volviendo al satélite, la corriente eléctrica se consume en el láser, los electrones caen sobre una vela en forma de anillo, donde la luz solar que incide puede empujar lo suficiente como para mantener el satélite en órbita alrededor del Sol.

Un satélite Dyson-Harrop relativamente pequeño, con un alambre de cobre de 1 centímetro de grosor y 300 metros de largo, un receptor de 2 metros de ancho y una vela de 10 metros de diámetro, ubicados aproximadamente a la misma distancia del Sol que la Tierra, podría generar 1,7 megavatios de la energía, suficiente para cerca de 1.000 casas de familia en los EEUU.

Un satélite con el mismo tamaño de receptor de luz, a la misma distancia del Sol, pero con un cable de un kilómetro de largo y una vela de 8.400 kilometros de extensión podría generar alrededor de 1027 vatios de energía», lo que es, en realidad 100.000 millones de veces la energía que requiere la humanidad en la actualidad», dice el investigador Brooks Harrop, físico de la Universidad Estatal de Washington en Pullman, quien diseñó el satélite.

Dado que los satélites están hechos principalmente de cobre, sería relativamente fácil de construir. «Este satélite es, en realidad, algo que podemos construir utilizando tecnologías y métodos modernos», dijo Harrop.

Desde hace décadas se debate la posibilidad de satélites cargados con paneles solares que puedan transmitir su energía durante las 24 horas. California acordó el pasado diciembre un contrato de venta de energía solar con base en el espacio. Los paneles solares cuestan más por kilo que el cobre que compone los satélites Dyson-Harrop, por lo que, según Harrop, «el costo de un proyecto de satélite de potencia de viento solar debería ser inferior a un proyecto comparable de paneles solares».

Hasta aquí todo bien, pero hay un gran inconveniente. Para tomar del Sol una cantidad significativa de energía, los satélites Dyson-Harrop se basan en el viento solar constante que se encuentra muy por encima de la eclíptica, el plano definido por la órbita de la Tierra alrededor del Sol. En consecuencia, el satélite se encuentran decenas de millones de kilómetros de la Tierra. A esas distancias, incluso un potente rayo láser se dispersaría a miles de kilómetros de extensión al momento de llegar a la Tierra.

«Dos megavatios extendidos en grandes áreas es algo que carece de sentido, es menos que la luz de la Luna», dice John Mankins, presidente de la consultora Innovación Artemis, que se especializa en energía solar espacial. Para poder enviar un haz de luz desde un satélite Dyson-Harrop a la Tierra se «requeriría una óptica asombrosamente enorme, una lente casi perfecta de entre unos 10 a 100 kilómetros de diámetro», dice.

También señala que el cable se podría quemar debido a la enorme corriente que fluye a través de él, aunque no realizó los cálculos para evaluar la probabilidad de que esto ocurra. Pero él dice que una versión más pequeña de este «inteligente e interesante» satélite de alimentación podría ayudar a algunas misiones espaciales. «Yo podía imaginar usos para esta idea fuera del plano de la eclíptica, como ayudar a generar energía para algo como la nave espacial Ulysses, que fue a rodear los polos del Sol.»

Referencia de publicación: International Journal of Astrobiology, DOI: 10.1017/S1473550410000066

Fuente: New Scientist. Aportado por Eduardo J. Carletti

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