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El hallazgo podría significar que los recuerdos son más duraderos de lo esperado y alteran los planes de tratamientos del Trastorno por estrés postraumático

Por intangibles que puedan parecer, los recuerdos tienen una base biológica firme. Según los libros de texto de neurociencia, se forman cuando las células cerebrales vecinas envían comunicaciones químicas a través de las sinapsis, o uniones, que los conectan. Cada vez que se rememora un recuerdo, la conexión se reactiva y fortalece. La idea de que las sinapsis almacenan recuerdos ha dominado la neurociencia durante más de un siglo, pero un nuevo estudio realizado por científicos de la Universidad de California en Los Ángeles puede desmentirlo fundamentalmente: las memorias, en cambio, pueden residir dentro de las células cerebrales. Si obtiene respaldo, el trabajo podría tener implicaciones importantes para el tratamiento del trastorno de estrés postraumático (TEPT), una condición marcada por recuerdos dolorosamente vívidos e intrusivos.

Hace más de una década, los científicos comenzaron a investigar el fármaco propranolol para el tratamiento del trastorno de estrés postraumático. Se pensó en el propranolol para impedir la formación de memorias mediante el bloqueo de la producción de las proteínas necesarias para el almacenamiento a largo plazo. Desafortunadamente, la investigación se encontró rápidamente con un obstáculo. A menos que se administre inmediatamente después del evento traumático, el tratamiento no resulta efectivo. Últimamente los investigadores han estado reelaborando el trabajo: la evidencia sugiere que cuando alguien rememora un recuerdo, la conexión reactivada no sólo se fortalece sino que se convierte temporalmente en susceptible de cambios, un proceso llamado reconsolidación de la memoria. La administración de propranolol (y quizás también terapia, estimulación eléctrica y algunos otros medicamentos) durante esta ventana puede permitir a los científicos bloquear la reconsolidación, acabando con la sinapsis en cuestión en el acto.

La posibilidad de purgar los recuerdos llamó la atención de David Glanzman, neurobiólogo de la UCLA, quien se dispuso a estudiar el proceso en Aplysia, un molusco babosa de uso común en la investigación en neurociencias. Glanzman y su equipo sacudieron especímenes de Aplysia con leves descargas eléctricas, creando un recuerdo del evento que se expresó como nuevas sinapsis en el cerebro. Los científicos entonces transfirieron las neuronas del molusco a una placa de Petri y activaron químicamente la memoria de los choques en ellas, y acto seguido agregaron rápidamente una dosis de propranolol.

Inicialmente la droga parecía confirmar las investigaciones anteriores: la aniquilación de la conexión sináptica. Pero cuando las células fueron expuestas a un recordatorio de las descargas, la memoria regresó con toda su fuerza dentro de las 48 horas. «Fue totalmente restablecida», dice Glanzman. «Eso implica para mí que la memoria no se almacena en la sinapsis». Los resultados fueron publicados recientemente en la revista en línea de libre acceso eLife.

Si la memoria no se encuentra en la sinapsis, entonces ¿dónde está? Cuando los neurocientíficos echaron un vistazo más cercano a las células del cerebro, encontraron que incluso cuando se ha eliminado la sinapsis, los cambios moleculares y químicos persisten después de los disparon iniciales dentro de la propia célula. El engrama, o huella de la memoria, podría conservarse en estos cambios permanentes. Alternativamente, podría ser codificado en modificaciones al ADN de la célula que alteran cómo se expresan los genes particulares. Glanzman y otros favorecen este razonamiento.

 


 

Eric R. Kandel, un neurocientífico de la Universidad de Columbia y ganador del Premio Nobel 2000 de Fisiología o Medicina por su trabajo sobre la memoria, advierte que los resultados del estudio se han observado en las primeras 48 horas después del tratamiento, un momento en que la consolidación aún es sensible.

Aunque preliminares, los resultados sugieren que las personas con trastorno de estrés postraumático, lo más probable es que la píldora que elimina las sinapsis no elimine los recuerdos dolorosos. «Si me hubieran preguntado hace dos años si se pudiera tratar el TEPT con medicación de bloqueo, yo habría dicho que sí, pero ahora no lo creo», dice Glanzman. En el lado positivo, añade, la idea de que los recuerdos persisten en lo profundo de las células del cerebro ofrece una nueva esperanza para otro trastorno ligado a la memoria: la enfermedad de Alzheimer.

Fuente: Scientific American. Aportado por Eduardo J. Carletti

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