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La población del planeta alcanzó los 7.000 millones en octubre, de acuerdo con las Naciones Unidas. Pero, ¿cuál es la cifra de todos los que han vivido antes?

Se dice habitualmente que hay más gente viva hoy en día que la que vivió, y este dato ha cobrado relevancia nuevamente desde que la ONU anunció que la población del planeta marcaba un nuevo hito.

La idea alimenta los temores de que la población se expande demasiado rápido. Es cierto que si nos retrotraemos a los comienzos de los tiempos, la población de la Tierra era ínfima en comparación con hoy, y lógicamente podría parecer que los vivos superen en cantidad a los muertos. La mayoría de los demógrafos concuerda en que la cifra de Naciones Unidas es razonablemente exacta. El problema es, cómo calculamos cuántos vivieron y cuándo empezamos a contar.

Un grupo que ha realizado esta tarea es el Population Reference Bureau en Washington. Wendy Baldwin, de esa institución, dice que el punto de inicio para contar es cuando el Homo sapiens caminó por primera vez sobre la Tierra, hace unos 50.000 años. Entonces, ya con un punto de inicio y otro de fin, el problema es el tiempo entre ambos. “Para el 99% de ese tiempo no hay datos”, explica. Esto significa que los expertos deben hacer una suposición fundada.

En busca de datos

En el siglo XX la tasa de nacimiento a nivel mundial cayó desde los 40 nacimientos por cada mil personas a sólo 31 en 1995, y hoy es apenas 23.

Tiempo atrás, los seres humanos necesitaban una tasa de reproducción de aproximadamente 80 nacimientos por cada mil personas al año para sobrevivir, explica Baldwin. La razón es que no vivían mucho, y muchos menos de los nacidos tenían descendencia. “Hoy la expectativa de vida es de aproximadamente 75-80 años y para la mayoría en la historia de la humanidad ese no fue el caso”, explica.

“Tenemos algunas estimaciones de la Edad Media donde la expectativa de vida podría haber sido de 10-12 años, lo que significa que mucha gente no pasó de la niñez”, apunta. “Aún teniendo muchos nacimientos, muchos de ellos no vivían lo suficiente para tener niños ellos mismos”, agrega.

En otras palabras, sería fácil subestimar el número de gente que nació, vivió y murió, en la primera parte de la historia de la humanidad. Esa estimación de 80 nacimientos por cada mil personas por año se ve muy alta para los estándares actuales, pero de hecho es conservadora, implicando “un crecimiento muy lento, mucho más lento de lo que vemos hoy”.

A esa suposición fundada para el período más antiguo se agrega información mucho más precisa de la era moderna. “Una vez que uno tiene registros escritos, tiene censos, cuando los países empiezan a recaudar impuestos, se empieza con los registros escritos”, explica Baldwin.

Desde alrededor del 1800, y aun un poco antes, es cuando los datos mejoran mucho. “Ahí se hace verosímil decir que hay mil millones de personas”, dice. Estos registros escritos significan que uno puede confiar acerca de la cifra final para el número de gente que alguna vez vivió, según Baldwin.

Ciencia ficción o realidad

El crecimiento de la población ha tenido lugar mayormente en el período moderno, explica, cuando ya había registros, entonces si los datos anteriores están algo equivocados, esto no cambia drásticamente la relación total entre los que vivieron en toda la historia sobre los que están viviendo. ¿Entonces cuáles son las cifras? Actualmente hay 7.000 millones de personas vivas y el Population Reference Bureau estima que alrededor de 107.000 millones de personas vivieron alguna vez.

Esto significa que no estamos ni siquiera cerca de tener más vivos que muertos. De hecho, hay 15 personas muertas por cada una con vida. Superamos los 7.000 millones de muertos entre el 8.000 AC y el 1 DC. Los fanáticos de la ciencia ficción estarán buscando el clásico de Arthur C. Clarke, ‘2001: Odisea en el espacio’. En ese libro asegura: “Detrás de cada hombre que está vivo hay 30 espíritus, ya que ese esa la relación por la que los muertos superan en número a los vivos”.

Baldwin señala que no estaba equivocado. “Él estaba haciendo esa afirmación en 1968. Había 3.500 millones de personas viviendo en la Tierra, entonces usando nuestro método, daría como resultado 29 muertos por cada vivo”, destaca.

¿Llegaremos a un punto en el que haya más vivos que muertos?

Esto implicaría una tasa de crecimiento de la población muy alta. Baldwin tiene claro que sería difícil: “¿Podríamos imaginarnos a la Tierra con la capacidad de albergar a 100.000-150.000 millones? Yo lo encuentro bastante inimaginable”.

Comentario de Axxón

Como se puede leer en el título de arriba, se considera muy seguido en los medios que la “ciencia ficción” es un sinónimo de falso. Sin embargo, la ciencia ficción nos aporta análisis muy certeros de la realidad, y muy imaginativos. Un caso relativo a la noticia de arriba —y con esto no pretendemos decir que el cuento habla de una realidad, sino que especula maravillosamente con ésta—, es el del cuento “Los hombres sin alma o los Vitanulls”, de John Brunner, publicado originalmente como The Vitanulls en 1967.

Veamos el fragmento final (el cuento completo pueden hallarlo aquí, y si quieren disfrutarlo, no sigan leyendo…):

Chance, el joven médico, aspiró profundamente: —De modo que usted no sabe nada, y no parece importarle. Bien, permítame que le informe. Pocas semanas después de haberle conocido se propagaron algunas noticias que me hicieron recordar mi encuentro con usted en la India. Eran ciertos informes acerca de un repentino y aterrador incremento de la imbecilidad congénita. Normalmente el recién nacido comienza a reaccionar a muy poca edad. Los más precoces sonríen tempranamente, y cualquiera de ellos es capaz de notar un movimiento, percibir los colores vivos y alargar el brazo para coger algo…
—Todos, menos los que usted ha llamado vitanuls, ¿no es cierto?
—Así es —contestó Chance, y cerró los puños con ademán de impotencia—. ¡Esas criaturas no dan muestras de tener vida! ¡No presentan ninguna reacción normal! Hay una ausencia de ondas cerebrales normales cuando se les hace un electroencefalograma, como si todo lo que caracteriza al ser humano hubiera…, ¡hubiera huido de ellos!
Señaló luego con el índice el pecho del anciano y agregó con voz alterada: —¡Y usted lo advirtió desde el primer momento! ¡Dígame cómo pudo ocurrir eso!
—Espere un momento —dijo Kotiwala, a quien el peso de los años no le restaba dignidad—. De ese aumento de la imbecilidad, ¿se enteró usted en cuanto yo me retiré de mis tareas en la maternidad?
—No, claro que no.
—¿Por qué «claro que no»?
—Pues porque estábamosdemasiado ocupados para prestar atención a ciertas cosas. Un pequeño triunfo de la medicina llenaba los titulares de los periódicos y daba a la OMS no pocos quebraderos de cabeza. El tratamiento antisenil se hizo público pocos días después de conocernos usted y yo, y todo el mundo comenzó a pedir esa panacea.
—Comprendo —dijo Kotiwala; y su figura se encorvó con desaliento.
—¿Qué es lo que comprende usted? —inquirió Chance.
—Perdone mi interrupción. Prosiga, por favor.
Chance sintió un escalofrío, como si de pronto recordase la gélida temperatura de ese invierno.
—Hicimos todo lo posible —continuó diciendo—, y aplazamos el anuncio de ese tratamiento hasta que hubo existencias suficientes como para aplicárselo a varios millones de solicitantes. La medida resultó desafortunada, ya que todos aquellos a quienes un familiar se les murió poco antes comenzaron a acusarnos de haberles dejado morir por negligencia. Comprenderá usted que en tal situación todo lo que hacíamos parecía desacertado.Y, por si fuera poco, se recibió una noticia escalofriante: los casos de imbecilidad congénita aumentaban a un diez, y luego a un veinte y hasta un treinta por ciento de los nacimientos! ¿Qué estaba sucediendo? Los rumores se hacen cada vez más amenazadores, ya que justamente cuando comenzábamos a felicitarnos por el eficaz resultado de la vacuna antisenil se inicia el fenómeno más estremecedor de la historia de la Medicina, y, además, la situación va empeorando sin cesar… En las dos últimas semanas la proporción de deficientes mentales totales ha alcanzado un ochenta por ciento. ¿Comprende lo que esto significa, o está tan absorto en sus místicas contemplaciones que eso no le preocupa en absoluto? Debe usted darse cuenta de que, de cada diez niños que han nacido esta última semana, no importa en qué país o continente, ¡ocho de ellos son animales sin mente!
—¿Y, a su juicio, el que examinamos juntos fue el primero de ellos? —inquirió el anciano.
Kotiwala hizo caso omiso de la dureza que se transparentaba en las palabras del joven médico; tenía la vista ausente, clavada en la azul lejanía, sobre las montañas.
—Eso hemos podido deducir —dijo Chance, haciendo un ademán significativo con la mano—. Cuando fuimos investigando retrospectivamente, comprobamos que las primeras criaturas con esas características hablan nacido el mismo día en que estuvimos usted y yo en la maternidad y que el primero de todos ellos nació una hora después, aproximadamente, de que yo lo conociera a usted.
—¿Qué ocurrió entonces?
—Lo que podía esperarse. Todos los recursos de la ONU se pusieron en juego; estudiamos los antecedentes del asunto en todo el mundo, hasta nueve meses antes de aquel día, cuando las criaturas debieron haber sido concebidas…; pero no sacamos nada en limpio. Lo único cierto es que todos esos pequeños están vacíos, mentalmente huecos… Si no estuviéramos en un callejón sin salida, nunca se me habría ocurrido cometer la tontería de venir a verle, ya que, después de todo, imagino que en nada podrá usted ayudarnos, ¿no es cierto?
El apasionado ardor de que daba muestras Chance desde que llegó pareció haberse consumido de pronto, dando la impresión de habérsele agotado las palabras.
Kotiwala permaneció reflexionando durante un par de minutos, mientras los lugareños, cada vez más inquietos, murmuraban entre ellos. Al fin, el anciano rompió su mutismo, preguntando:
—Esa droga antisenil, ¿ha tenido éxito?
—Sí, afortunadamente. De no haber tenido ese consuelo en medio de semejante desastre, creo que nos habríamos vuelto locos. Con ello ha disminuido increíblemente el índice de mortalidad; como todo ha sido debidamente planeado, estamos en condiciones de alimentar a todos aquellos seres humanos que van agregándose, y…
—Bien —interrumpió Kotiwala—; creo que puedo decirle lo que ocurrió el día en que nos conocimos.Chance le miró asombrado.
-¡Entonces dígalo, por Dios! —exclamó—. Es usted mi última esperanza. ¡Nuestra última esperanza!
—No puedo ofrecer esperanza alguna, hijo mío —repuso el anciano, y sus suaves palabras resonaron como el tañido de una campana que toca para un muerto—. Pero podría sacar una deducción. Creo haber leído que, según los cálculos, en este siglo XXI hay tantos seres humanos vivos como los que han muerto desde que el hombre evolucionó y pudo ser considerado como tal. ¿No es así?
—Así es, en efecto. Yo también leí esa obra hace ya algún tiempo.
—Entonces puedo afirmar que lo ocurrido el día en que nos conocimos fue esto: el número de todos los seres humanos que habían existido hasta entonces fue superado por el de los vivos, por vez primera.

El joven movió la cabeza, atónito; luego murmuró: —Creo…, creo que no lo entiendo… ¿O acaso sí…, acaso lo comprendo perfectamente?
—Y, al mismo tiempo o poco después —siguió diciendo Kotiwala—, ustedes descubren y aplican en todo el mundo una droga que combate la vejez. Doctor Chance, usted no querrá aceptar esto, pues recuerdo que me gastó aquel día una broma acerca de un gusano; pero yo sí lo acepto. Afirmo que usted me ha hecho comprender lo que vi al mirar a los ojos de aquel recién nacido, cuando hice lo mismo con esta pequeña.
Así diciendo, apoyó dulcemente la mano sobre el cuerpecillo que sostenía la joven madre, a su lado; quien le dirigió una tímida y breve sonrisa.
—No se trata de la ausencia de mente, como usted ha dicho —añadió Kotiwala—, sino de una falta de alma.
Durante unos segundos Chance creyó oír una risa demoníaca en el susurro del viento invernal. Con un violento esfuerzo trató de librarse de aquella idea.
—¡No, eso es absurdo! —exclamó—. ¡No puede usted decirme que hay escasez de almas humanas, como si estuvieran almacenadas en algún depósito cósmico y las entregasen por encima de un mostrador cada vez que nace un niño! ¡Vamos, doctor, usted es una persona culta!
—Como usted bien dice —repuso cortésmente Kotiwala—, eso es algo que yo no me aventuraría a discutirle. Pero de todos modos debo estarle agradecido por haberme indicado lo que debo hacer.
—¡Magnífico! —exclamó Chance—. Heme aquí cruzando medio mundo, en la esperanza de que usted me diga cómo debo actuar, y en lugar de ello afirma usted que yo le he indicado… Pero ¿qué va a hacer usted?
Un brillo de esperanza asomaba ahora a los ojos de Chance, al fin.
—Debo morir —manifestó el sunnyasi. Y, recogiendo su cayado y su escudilla, sin decir una sola palabra a los demás, ni siquiera a la joven madre a la que había consolado poco antes, se alejó con el lento paso de los ancianos por el camino que conducía a las altas montañas azules, y a los hielos eternos con cuyo auxilio iba a liberar su alma.

Fuente: Varias fuentes. Aportado por Eduardo J. Carletti


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Científicos españoles han encontrado en la isla balear de Formentera un clon de Posidonia oceanica, una planta marina endémica del mediterráneo. Según sus investigaciones se trata de la especie más longeva de la biosfera, con 100.000 años de edad

Un equipo de investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) ha hallado en la isla de Formentera un clon de Posidonia oceanica, una especie marina amenazada y endémica del Mediterráneo, con 100.000 años de edad. Los resultados, que se han publicado en el último número de la revista PLoS ONE, convierten a esta especie en la más longeva de la biosfera.

La clave de su edad está en el crecimiento clonal, un proceso que Posidonia comparte con otras plantas marinas. Está basado en la división constante de las zonas donde producen nuevas células, llamadas meristemos, y del crecimiento extremadamente lento de sus tallos, denominados rizomas.

Los científicos han descubierto que los rizomas crecen de un centímetro cada año y ocupan lentamente el espacio hasta extenderse varios kilómetros produciendo millones de plantas a partir de un mismo clon. Carlos Duarte, investigador del CSIC y coautor del trabajo explica que “estos rizomas son muy resistentes a la degradación y mantienen las conexiones con el mismo clon durante miles de años.

El experto añade que el proceso es lento porque “los tallos tienen un centímetro de diámetro y las hojas pueden alcanzar hasta un metro de longitud. Además, su genoma es muy resistente a las mutaciones”.

Separadas por hasta 10 kilómetros

Los investigadores han tomado muestras en una cincuentena de praderas de Posidonia del mar Mediterráneo, desde Chipre hasta Almería. Tras secuenciar las plantas observaron que muchos clones o genotipos estaban en praderas separadas por hasta 10 kilómetros de distancia.

Los resultados sugieren que la especie se caracteriza porque sus genotipos pueden adaptarse a la variación local de los recursos ajustando su modo de crecimiento. “En regiones pobres en nutrientes, como el mar Mediterráneo, el crecimiento será más lento, las raíces alcanzarán una mayor longitud y las hojas serán más largas y delgadas para aumentar la eficiencia”, informa Duarte.

Los autores del estudio han empleado un modelo para simular el crecimiento clonal y comprobar si era posible que, a pesar de las mutaciones, hallaran el mismo clon.

“El modelo verificó que nuestros muestreos eran compatibles con el crecimiento clonal de Posidonia porque reproducía el mismo patrón de dominancia clonal”, indica Duarte.

El trabajo aporta evidencias de que la edad de los organismos clonales, responsables de más de la mitad de la producción primaria de la biosfera, “se ha subestimado de forma sistemática en la literatura” e insta a seguir investigando en la prolongación de la vida asociada a la clonalidad y en sus posibles implicaciones ecológicas y evolutivas.

Referencia bibliográfica: Sophie Arnaud-Haond, Carlos M. Duarte, Elena Díaz-Almela, Núria Marbà, Tomás Sintes, Ester A. Serrão. “Implication of extreme life span in clonal organisms: millenary clones in meadows of the threatened seagrass Posidonia oceanic”. PLoS ONE. DOI: 0030454.

Fuente: Sinc. Aportado por Eduardo J. Carletti


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Emiliano Bruner, del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana, ha llegado a esta conclusión en un trabajo sobre las diferencias de género en la forma del puente que comunica los dos hemisferios cerebrales asociadas a variaciones alométricas, publicado en la revista Journal of Anatomy

El Dr. Emiliano Bruner, responsable del Grupo de Paleoneurobiología de Homínidos del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana acaba de publicar “Gender-based differences in the shape of the human corpus callosum are associated with allometric variations” en la revista Journal of Anatomy, un estudio en el que se analiza la variación de forma del cuerpo calloso entre hombres y mujeres, utilizando técnicas de elaboración de imagen, modelos geométricos y estadística multivariante, y según el cual dicha variación se debe a diferencias en el tamaño cerebral y no a factores asociados específicamente con el género.

Ese conjunto de fibras neurales que pone en comunicación los hemisferios cerebrales que es el cuerpo calloso es muy variable de individuo a individuo, sobre todo porque su forma es el resultado de muchas influencias diferentes por parte de las otras componentes del cerebro. Y como explica este investigador del CENIEH siempre se han reconocido diferencias, aunque sutiles, en forma y tamaño del cuerpo calloso entre hombres y mujeres. Las diferencias sexuales ya descritas en el pasado se confirman en este estudio ahora utilizando análisis geométricos, pero con un matiz importante: se deben a diferencias de tamaño, no a factores específicamente de género.

Y es que el cerebro masculino tiene en promedio un tamaño mayor que el femenino, esta diferencia conlleva también, como consecuencia, una variación en la forma geométrica de esta estructura. Aunque como concluye el Dr. Bruner: “Desde luego no sabemos si esta variación se debe a factores internos del cuerpo calloso, o a otras estructuras cercanas que influyen indirectamente en su geometría”.

En este trabajo también han colaborado José Manuel de la Cuétara, del Grupo de Paleoneurobiología de Homínidos del CENIEH; Roberto Colom, de la Universidad Autónoma de Madrid-Fundación CIEN/Fundación Reina Sofía, y Manuel Martín-Loeches, del Centro Mixto UCM-ISCIII de Evolución y Comportamiento Humanos.

Fuente: Sinc. Aportado por Eduardo J. Carletti


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Copulación a distancia: los machos de una especie de arácnido se autocastran durante la relación sexual para favorecer la fecundación de la hembra y —al mismo tiempo— salir vivos de la aventura

El sexo puede ser duro, muy duro, y peligroso entre las arañas. El macho de la Nephilengys malabarensis se amputa voluntariamente el órgano sexual mientras todavía se encuentra alojado dentro de la hembra, durante la cópula.

El objetivo de esta autocastración es evitar ser devorado por su compañera y, al mismo tiempo, lograr que continúe la transferencia del esperma después de la separación.

A cambio de esto, el macho pasará el resto de su vida como un eunuco. La investigación aparece publicada en la revista Biology Letters.

Un grupo de investigadores dirigidos por Diaquin Li, de la Universidad de Singapur, ha estudiado este extraño y doloroso comportamiento. Los científicos recogieron 25 parejas de arañas y les dejaron aparearse. La punta del palpo, el equivalente del pene en las arañas, se quedaba dentro de la hembra. En el 12% de los casos se cortó parcialmente, en el resto se amputó por completo.

Al diseccionar el abdomen de los especímenes femeninos, los investigadores se dieron cuenta de que ese órgano continuaba la transferencia de esperma poco después de la huída del macho, como una especie de fertilización a distancia. Cuanto más tiempo está incrustado el apéndice sexual, más esperma se transfiere, y el resultado es aún más eficiente cuando el macho se lo corta a sí mismo para escapar, en lugar de dejar que lo haga la hembra mientras lo está devorando.


El arácnido pequeño es el macho de Nephilengys malabarensis, sus órganos sexuales se ven aparte, remarcados por el recuadro amarillo

Agresivos y protectores

Esta estrategia tan extraña, que se encuentra en sólo dos familias de arañas hasta la fecha, ha evolucionado para contrarrestar la inclinación de las hembras al canibalismo. “Las hembras son muy agresivas y el 75% de ellas matan a sus parejas durante el sexo”, explica Li. En definitiva, para los machos es un sacrificio que merece la pena.

La rotura de los palpos también puede suponer otros beneficios evolutivos para los varones. En trabajos anteriores, Li y sus colegas encontraron que el palpo separado evita que se apareen otros machos con la hembra. Además, los ejemplares castrados son mejores luchadores.

Se quedan en la tela de su compañera y la defienden con mucha energía. Suelen ganar las peleas, incluso contra oponentes más grandes, posiblemente porque son más ágiles sin los pesados palpos. Por otro lado. Podrían estar muy motivados porque están protegiendo su única oportunidad de ser padres.

Fuente: ABC y otros sitios. Aportado por Eduardo J. Carletti


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