FICCION BREVE (cinco)

Varios

QUIMERA

Juan Pablo Noroña


De espaldas al gato, el dueño unta mantequilla en una tostada. Se muere de miedo, pero resiste la compulsión de darse la vuelta porque de algún modo sabe que está a salvo mientras escuche al animal maullar. Además, no sabe en realidad si aquello ocurre cuando no ve al animal, o sólo en el instante fugaz y confuso en que éste cruza su visión periférica; por tanto, este momento pudiera ser seguro, y voltearse para rehuir el eclipse del gato pudiera resultar contraproducente. Pues por una fracción de segundo el felino estaría en el intervalo que lleva del rabillo del ojo al centro visual, y el dueño vería.

Es una tontería, no obstante, pretender quedarse el día entero en la cocina, parado frente a la meseta con la vista fija en el lavadero. También inútil; el gato podría, en cualquier momento, entrar en su campo visual por sus propias patas. Esto último al final quizás sería un alivio, pues mientras el animal está a la vista es sólo un minino negro y blanco de pelo largo, cola esponjosa y lanosos mofletes. Sin embargo, la experiencia intermedia sería terrible, espeluznante, y de todas maneras después vendría la angustiosa brega por mantenerlo junto a él, y luchar por no quedarse dormido, y no decidirse a salir de la casa, y demorar la vuelta al máximo. Resignado a que en realidad el problema no tiene solución, el dueño muerde la tostada sin apetito ni placer, y entonces ocurre.

Una criatura horrible y fascinante a la vez, una quimera de forma imprecisa y contornos difusos, está sobre la meseta. Sus colores son delirantes, su simetría irreal, tiene y no tiene estructuras y órganos reconocibles; se mueve sobre las losas y con respecto a sí misma a la vez que mantiene una quietud glacial.

El dueño parpadea, y ante él su gatito blanquinegro extiende pedigüeño la pata izquierda mientras maúlla lastimeramente.

"No hay remedio", piensa el dueño, y mastica la tostada. Si por lo menos la bestia permaneciera, sabría a qué atenerse. ¿Es locura suya, alucinaciones causadas por el agotamiento físico y mental, o de verdad su gato es una alimaña imposible que en condiciones zambiguas se deja ver como es, para torturarlo con la incertidumbre y el miedo? En cualquiera de ambos casos, está solo ante el problema: si fuera real la quimera, nadie va a creerle; si fuera desvarío, no puede darse el lujo de confesar a otro la chifladura, no en las actuales circunstancias de su vida. Por no decir, acusar a un minino tan cariñoso de ser una especie de monstruo...

Sobre la meseta de la cocina, el gato olisquea las migas perfumadas de mantequilla que han caído en las losas y en su propio pelaje. El dueño suspira, sostiene la tostada en la boca, carga al animal con ambas manos y se lo lleva con él a la sala. No puede hacer otra cosa que lo que va a hacer ahora.

El dueño deja al gato, que ahora ronronea trepidantemente, sobre el sofá, y pone junto a la boca de éste lo que queda de la tostada. El gato maúlla de agradecimiento y pesca una punta del pan con los dientes delanteros, como si temiera mancharse el hocico con la mantequilla. Y cuando el animal cierra los ojos, el hombre cierra también cierra los suyos, fuertemente, y cuando la mascota comienza a mordisquear el pan, el dueño comienza a retirarse a ciegas en dirección al dormitorio, y lo hace sin tropiezos, conociendo el camino, hasta que llega y cierra tras de sí la puerta de la habitación, con sigilo, mucho cuidado, aun sin abrir los ojos, y se apoya en la húmeda madera, desesperado y seguro por esta noche.

Todas las ventanas están herméticamente cerradas y no hay más puertas. El dueño se abalanza sobre la cama, toma unas pastillas de la mesita de noche y se traga dos como si fuesen un puñado. Más tarde, en la sala, la quimera no consigue acomodar su forma anómala en el sofá, cuya superficie tampoco le es llevadera a su antinatural textura. Por suerte, ella conoce un sitio agradable donde dormir. La quimera se baja del sofá, camina en dirección a la habitación del dueño y llega hasta la pared medianera, que no la detiene, pues la criatura la atraviesa como si ella o el muro fueran ilusiones, gas, imágenes de humo en una mente afiebrada.

Dentro está su amo. La quimera se sube a la cama suave y cautelosa. El hombre duerme pesadamente, y ella puede caminar sobre él, situarse entre el pecho y el vientre, en el hueco cálido y firme bajo las costillas, y acomodarse. Sus colores fantásticos se tornasolan agitadamente al mismo ritmo del ronroneo, mientras sus ojos verdeamarillos acarician el rostro del dueño con una mirada de absoluta e infinita adoración.


Juan Pablo Noroña nos exime de mayores presentaciones. Lean sus cuentos y descubrirán por qué. Axxón 136, Axxón 140, Axxón 142, Axxón 144 y Axxón 148



UNA DE DOS

Fabio Ferreras


¡Ma sí, se va todo al carajo! O la mato a ella o me mato yo: me da lo mismo una cosa que otra. Si la limpio a ella, lo hago con este revólver y en el medio del marote, así no tiene tiempo para enterarse de nada. Y si me limpio yo se me terminaron los problemas, qué tanto joder...

Ahí llega. No me da ni cinco de bola. Entra como si nada, la trola de mierda, sin dignarse a mirarme, que la parió, hace días que se viene haciendo la ofendida y eso que la que me metió los cuernos fue ella. Te lo buscaste, negra: el que te mete un balazo soy yo.

Le apunto y gatillo, pero el disparo no sale. Y ella se me viene caminando lo más chota, guardándose la llave en el bolsillo. Me atraviesa y se encierra en la cocina a mirar televisión, como hace siempre desde que está sola.

La puta madre, entonces el que se limpió fui yo. Lo peor de todo es que me voy a olvidar de nuevo, y mañana la trataré de matar otra vez...


La situación de Fabio es más o menos parecida: es un frecuentador de las páginas de Axxón. Lean por qué aparece tan seguido: Axxón 124, Axxón 133, Axxón 140 y Axxón 145



EL TEMOR A DIOS

Ángel Milana


Cuatro de la mañana. Me despertaron los gatos, salí a espantarlos y ahora no puedo volver a dormirme. Comienzo a pensar en las cosas que se discuten en la lista de Axxón y me engancho con el tema Dios.

"La razón me dice que Dios no existe."

"Dios me va a castigar por pensar que no existe."

"Ese es un pensamiento irracional."

"¿Y qué? También sé que no hay nada debajo de la cama pero tengo miedo de que salga algo y me agarre."

Pensar que puede haber algo debajo de la cama hace que me corra al centro y me apriete contra mi esposa. Se despierta.

—¿Qué pasa? Es tempranísimo, todavía no hay luz.

—Tengo miedo.

—¿Miedo? ¿De qué?

—Dios me va a castigar porque pienso que no existe.

—A mí me parece que vos buscás otra cosa.

—Y...

.........

—¿Seguís con miedo, todavía?

—Dios me dio un premio por pensar que no existe.


Ángel Milana nació en Buenos Aires, pero vive en Mendoza luego de haber recorrido medio país. Varios de sus cuentos aparecieron en Axxón y fue colaborador regular de Andernow. Axxón 116, Axxón 124 y Axxón 143



HISTORIAS ANTES DEL FIN

Carlos Daniel Joaquín Vázquez


La mujer, sentada en el centro de la barcaza, lleva una túnica de lino blanco con detalles en negro y oro. Libera de la tela uno de sus pechos y se lo ofrece a su pequeño, apenas cubierto por un pañal de polímeros saturado de nanomáquinas que lo mantendrán limpio mientras sea necesario, hasta que alguien lo retire y el pañal se biodegrade, consumiéndose a sí mismo.

Afuera el paisaje va quedando atrás, mientras ambos, madre e hijo, son guiados por los pilobots a lo largo del río del tiempo.


El joven atraviesa la puerta. Los muebles escanean su presencia, lo reconocen y se reconfiguran según los patrones de la moda y los gustos personales del muchacho. Él se quita la chaqueta y, ya relajado, se acomoda en el sillón. Aburrido de estar solo, se autoduplica y discute consigo mismo los detalles de la semana.


El viejo capitán observa el panorama a través de las enormes pantallas virtuales del puente de mando. Por medio de su implante le llega información de todo tipo: han llegado a destino. La caravana está a salvo, el planeta que crece allí adelante será la nueva casa del hombre.


La niña ha dejado de serlo. Cumplido el rito de iniciación, se pone de pie y se marcha. Irá a recluirse por un tiempo para acrecentar sus poderes y reforzar sus atributos. Cuando esté lista saldrá al mundo y expondrá sus enseñanzas. Aunque siempre queda la posibilidad del fracaso y la muerte por martirio, quizá logre cambiar el mundo que le ha tocado en suerte y lo encamine hacia el éxito.


El luengo y estilizado ente se acerca a los hombres y tiende sus manos en señal de paz. Ellos primero temen, luego aceptan la invitación, sentándose alrededor del círculo de luz que surge del artefacto. Los tiempos que siguen serán duros; las oportunidades de negocio, infinitas.


Todas estas historias jamás serán conocidas. Nunca domarán la tinta ni armarán con patrones de luz esos símbolos que apenas recuerdo. Igual no tiene caso: quienes me rodean desconocen la escritura, ocupados en sobrevivir en la pila de escombros y peste en la que se ha transformado el mundo.

Yo las guardo en mi cabeza como emblema de un sueño truncado, como ilusa prueba de lo que pudimos ser, tortura permanente por lo que perdimos.

A pesar de todo estoy en paz, no albergo culpas.

Y aquí, sentado, espero.


Aquí el problema es inverso: ¿por qué Carlos Daniel Joaquín Vázquez no aparece más seguido? Su amor del tren, en El cuento elegido, y Axxón 148




Axxón 149 - Abril de 2005
Cuentos de autores de habla hispana (Cuentos: Fantástico: Ciencia Ficción: Fantasía: Varios países).

            

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