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El infernal Venus pudo haber sido habitable durante miles de millones de años

Un equipo de astrónomos piensa que el tórrido y tóxico mundo alguna vez fue un hogar acogedor para una potencial existencia de vida.

Venus es, sin lugar a dudas, un hermano tóxico de la Tierra. A pesar de que ambos mundos son similares en tamaño y densidad, nuestro vecino planetario tiene temperaturas tan altas que pueden derretir el plomo, los vientos que lo azotan son unas 60 veces más veloces que el giro del planeta, y tiene una aplastante atmófera con más de 90 veces la presión encontrada en la de la Tierra. Pero hay algunas pistas alentadoras de que miles de millones de años atrás Venus podría haber sido más afín a su gemelo, la Tierra.

Además de sus tamaños comparables, los mundos también se formaron juntos, lo que sugiere que están formados de los mismos materiales. La gran diferencia es su proximidad al Sol. Debido a que Venus está a aproximadamente 41 millones de kilómetros más cerca, recibe el doble de luz solar que la Tierra. Pero hace unos pocos millones de años, un sol ligeramente más débil podría haber permitido que Venus fuera relativamente fría, un lugar donde el agua líquida podría haberse agrupado en vastos océanos, amigables para la vida.


En esta vista en perspectiva tridimensional de la superficie de Venus se observa el Monte Maat. Crédito: NASA / JPL

Un nuevo estudio aceptado recientemente en Geophysical Research Letters sugiere que Venus no sólo era habitable en el pasado distante, sino que podría haber permanecido habitable durante miles de millones de años. Michael Way del Instituto Goddard de Estudios Espaciales y sus colegas aplicaron el primer modelo climático en tres dimensiones —las mismas simulaciones por computadora que se utilizan para predecir el cambio climático causado por el hombre en la Tierra— a la época primitiva de Venus. Como la investigación anterior en Venus se limitaba a modelos climáticos unidimensionales (que tienen en cuenta la radiación entrante y saliente, pero no visualizan las complejidades dentro de una atmósfera, como las nubes), los resultados son un gran paso adelante en comparación con estos estudios anteriores, según los científicos. «Hay una diferencia real entre un cálculo aproximado y la conexión de un modelo más sofisticado», dice Jason Barnes, astrónomo de la Universidad de Idaho, que no participó en el estudio.







El equipo simuló primero cómo podría haberse visto el clima venusiano hace 2.900 millones de años. Una fecha tan antigua requiere que los investigadores hagan algunas conjeturas acerca del planeta primitivo, tal como asumir que tenía un océano poco profundo de sólo el 10 por ciento del volumen que tiene la Tierra hoy en día. Pero los resultados fueron claros: hace 2.900 millones de años, el segundo mundo rocoso desde el Sol podría haber tenido una suave temperatura, similar a la Tierra, que se mantenía alrededor de los 11 grados centígrados. Posteriormente, el equipo hizo una corrida del modelo para un Venus más tardío, hace unos 715 millones de años, y encontró que incluso bajo el calor del Sol el planeta se habría calentado sólo 4 grados centígrados con respecto al clima anterior. Un ligero aumento de la temperatura de ese nivel habría permitido que un océano líquido persistiera en el planeta durante miles de millones de años.

¿Qué permitió que Venus permaneciera húmedo durante tanto tiempo? De acuerdo a los modelos, las nubes jugaron un papel clave. Lo más probable es que se juntaran en el lado diurno del planeta, actuando como un escudo brillante que reflejaba la luz solar entrante, y nunca se formaban en el lado nocturno, dejando que el calor se irradiara hacia el espacio. «Para mí la verdadera noticia es que Venus podría haber sido habitable durante un período significativo de tiempo, y el tiempo es uno de los ingredientes clave para la capacidad de originar vida en un planeta», dice Lori Glaze, astrónoma del Centro Goddard de Vuelo Espacial de la NASA, quien no participó en el estudio. Esta propuesta le agrega un nuevo elemento a la cuestión de la habitabilidad: el tiempo. «La habitabilidad no es algo estático», dice David Grinspoon, un astrónomo del Instituto de Ciencia Planetaria y co-autor del trabajo. «No es sólo una cuestión de un punto del espacio, es un punto en el espacio y en el tiempo, y durante cuánto tiempo, potencialmente, podría retener los océanos un planeta, y si es suficiente extenso como para ser considerado un buen candidato para haber tenido un origen y una evolución de la vida.»


Cómo veía al planeta Venus la CF hace 50 años. Quizás no estaban tan errados.

Esas condiciones de ambiente fresco, sin embargo, dependen de si Venus tenía el mismo aspecto en su juventud que hoy en día —aunque los investigadores añadieron un océano, mantuvieron la topografía actual de Venus intacta— y si siempre ha girado tan lentamente como ahora, que le lleva 243 días terrestres para completar su rotación. Debido a que las respuestas a ambas preguntas son bastante inciertas, el equipo de investigación también modeló cómo habría sido el clima de Venus hace 2.900 millones de años si tenía una topografía similar a la Tierra primitica, o si giraba a un ritmo ligeramente más rápido. Las diferencias se hicieron enormes. Con cadenas montañosas y cuencas oceánicas similares a la de la Tierra, la temperatura era de 12 grados más caliente que con la topografía actual de Venus. Y si la velocidad de rotación era de 16 días terrestres, la temperatura se disparaba a 45 grados más alta que con el nivel de velocidad de rotación actual. El patrón de nubes que mantenía el clima fresco sólo se formaba con el planeta rotando lentamente.

Este resultado tiene enormes implicaciones para el ambiente de estudio de los exoplanetas. «La comunidad debe tener cuidado con ignorar mundos que están demasiado cerca de sus estrellas, como los mundos de tipo Venus», dice Way. Si algunas de las características clave, tales como la topografía de un exoplaneta y la velocidad de rotación, son justamente las correctas, entonces el borde interior de la zona habitable en un sistema solar —donde las condiciones propicias para la vida pueden surgir— estará más cerca de la estrella madre que lo que por lo general se piensa. El hallazgo es especialmente importante dado que se trata de mundos cercanos que son mucho más fáciles de observar, y definir sus características, que otros tipos de planetas. El muy esperado Telescopio Espacial James Webb —a menudo referido como el sucesor del Hubble—, por ejemplo, es probable que sólo estudiar mundos cercanos a sus estrellas, dejando las observaciones de los planetas con órbitas más amplias —como Marte o incluso la Tierra— fuera de la cuestión. O como Ravi Kopparapu, un astrónomo de la Universidad Estatal de Pensilvania, define: «Lo más cercano a la Tierra que podemos conseguir con el telescopio espacial James Webb es un Venus alrededor de estrellas frías.»

Pero Glaze no puede contener su entusiasmo sobre el último estudio debido a la información que aporta sobre un planeta rocoso cerca de casa. «Venus es el planeta de al lado, el hermano de al lado, y es muy sorprendente lo poco que sabemos», dice ella. «Conocemos Marte mucho más que Venus. Éstos [contando la Tierra] son los tres planetas terrestres de nuestro propio patio trasero. Si no entendemos estos tres planetas, y lo que los hace similares, y lo que los hace diferentes, vamos a estar en apuros para interpretar los nuevos planetas que estamos descubriendo fuera de nuestro Sistema Solar».

Afortunadamente, hay dos misiones a Venus actualmente en competencia para un potencial vuelo: una se trata de una misión geofísica para cartografiar el planeta en una resolución más alta que antes. La otra es una liderada por la propia Glaze, que mediría la composición de la atmósfera de Venus. Ambas podrían darnos mejor información sobre cómo se veía Venus en el pasado. «Todavía hay datos más importantes que tenemos que recoger con el fin de ajustar estos modelos, y tenemos la capacidad de recopilar esos datos ahora. Sólo necesitamos las misiones», dice Glaze.

Fuente: Scientific American. Aportado por Eduardo J. Carletti

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El planeta 9 va tomando forma: modelan cómo sería

Los astrofísicos han modelado la evolución del planeta que se supone que existe en el Sistema Solar exterior. Estiman que el objeto tiene un radio en la actualidad igual a 3,7 radios terrestres y una temperatura de menos 226 grados centígrados

¿De qué tamaño y cuál es el brillo del planeta 9 si realmente existe? ¿Cuál es su temperatura y qué telescopio podría encontrarlo? Estas fueron las preguntas que querían responder el profesor Christoph Mordasini, de la Universidad de Berna, y su estudiante de doctorado Esther Linder, cuando se enteraron del posible planeta adicional en el Sistema Solar, sugerido por Konstantin Batygin y Mike Brown, del Instituto de Tecnología de California.







Los científicos suizos son expertos en el modelado de la evolución de los planetas. Por lo general estudian la formación de exoplanetas jóvenes en los discos alrededor de estrellas a años luz de distancia, y la posibilidad de captar imágenes de estos objetos con futuros instrumentos como el Telescopio Espacial James Webb.

En este sentido, Esther Linder dice: «Para mí, el candidato a planeta 9 es un objeto cercano, aunque está alrededor de 700 veces más lejos que la distancia que separa la Tierra y el Sol». Los astrofísicos asumen que el planeta 9 es una versión más pequeña de Urano y Neptuno, un pequeño gigante de hielo con una envoltura de hidrógeno y helio.

Con su modelo de evolución de los planetas, calcularon parámetros, como la forma en que el radio planetario o el brillo ha evolucionado desde que el Sistema Solar se formó hace unos 4.600 millones de años.

Calentado desde el interior

En su estudio aceptado por la revista Astronomy & Astrophysics, los científicos concluyen que se trata de un planeta con masa igual a 10 masas terrestres: tiene un radio actual de 3,7 veces el radio de la Tierra. Su temperatura es de menos 226 grados centígrados o 47 grados Kelvin.

«Esto significa que la emisión del planeta está dominada por el enfriamiento del núcleo, porque de lo contrario la temperatura sería sólo el 10 Kelvin!, explica Esther Linder en un comunicado: «Su energía intrínseca es aproximadamente 1.000 veces más grande que su energía absorbida». Así, la luz del sol reflejada aporta sólo una pequeña parte de la radiación total que podría detectarse. Esto significa que el planeta es mucho más brillante en el infrarrojo que en imagen óptica. «Como nuestro candidato a planeta 9 no es ahora más que un simple punto de masa, toma forma de acuerdo a sus propiedades físicas», dice Christoph Mordasini.

Los investigadores comprobaron si sus resultados explican por qué el planeta 9 no ha sido detectado por telescopios hasta ahora. Calcularon el brillo de planetas más pequeños y más grandes en diversas órbitas. Concluyeron que los estudios del cielo realizados en el pasado tenían sólo una pequeña oportunidad de detectar un objeto de 20 masas terrestres o menos, especialmente si está cerca de los puntos más lejanos de la órbita alrededor del Sol.

Pero la misión Wide-field Infrared Survey Explorer (WISE) Wide-field Infrared Survey Explorer de la NASA podría haber descubierto un planeta con una masa igual a 50 veces la masa terrestre o más.

«Esto pone un límite superior de masa interesante para el planeta», explica Esther Linder. Según los científicos, los futuros telescopios como el Large Synoptic Survey Telescope en construcción cerca de Cerro Tololo en Chile debería estar en condiciones de encontrar o descartar el candidato a Planeta 9. «Esa es una actividad muy interesante», dice Christoph Mordasini.

La NASA descarta que el planeta 9 afecte a la nave Cassini

La NASA ha negado que su nave espacial Cassini de la NASA experimente desviaciones inexplicables en su órbita alrededor de Saturno.

Varias noticias recientes han informado de que una misteriosa anomalía en la órbita de Cassini potencialmente podría explicarse por el tirón gravitacional de un nuevo planeta masivo teorizado en nuestro sistema solar, que está al acecho mucho más allá de la órbita de Neptuno.

Si bien la existencia del planeta propuesto finalmente puede ser confirmado por otros medios, los navegantes de la misión en el Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA, «no han observado desviaciones inexplicables en la órbita de la nave espacial desde su llegada allí en 2004».

«Un planeta sin descubrir fuera de la órbita de Neptuno, 10 veces la masa de la Tierra, afectaría a la órbita de Saturno, Cassini no«, dijo William Faulkner, un científico planetario del JPL.

Folkner desarrolla información de la órbita planetaria utilizada para la navegación de alta precisión de la Cassini por la NASA.

«Esto podría producir una firma en las mediciones de Cassini mientras que está en órbita alrededor de Saturno, si el planeta estuviera lo suficientemente cerca del Sol. Sin embargo, no vemos ninguna firma no explicada por encima del nivel del ruido de medición de datos de Cassini tomadas entre 2004-2016.»

Un artículo reciente predice que, si se dispusiera hasta el año 2020 de los datos de seguimiento de la posición de la Cassini, podrían ser utilizados para revelar una «más probable» ubicación para el nuevo planeta en su larga órbita alrededor del sol. Sin embargo, la misión de Cassini está prevista que termine a finales de 2017, cuando la nave espacial – con bajo nivel de combustible para continuar una misión más larga – se sumergirá en una atmósfera de Saturno.

«Aunque nos gustaría que Cassini pudiera ayudar a detectar un nuevo planeta en el Sistema Solar, no vemos perturbaciones en nuestra órbita que no podamos explicar con nuestros modelos actuales«, dijo Earl Maize, director del proyecto Cassini en el JPL en un comunicado de la NASA.

Fuente: Varios Medios. Aportado por Eduardo J. Carletti

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Hallan las primeras evidencias de las ondas gravitacionales predichas por Einstein

Se trata del hallazgo astronómico más importante de la historia. Kip Thorne, el pionero del experimento que ha captado la primera onda gravitacional dice que el crédito del hallazgo es para los científicos jóvenes.

¿De dónde ha salido esa onda gravitacional? La destrucción de dos invisibles agujeros negros generó más energía que la luz que emiten todas las estrellas del Universo visible.







Incluso para los astrofísicos acostumbrados a manejar conceptos como supernovas, estrellas de neutrones y agujeros negros, la señal que han captado los dos observatorios LIGO es extraordinaria: un mero “blip” de apenas dos décimas de segundo tan breve que, para que los asistentes a la conferencia de prensa pudieran escucharlo, ha habido que pasar el audio varias veces a velocidad muy lenta.

Ese modesto chasquido contiene información sobre una catástrofe cósmica de proporciones inauditas: el choque —más bien la fusión— de dos agujeros negros de masa mediana, que giraban alocadamente uno en torno a otro, emitiendo en cada giro una perturbación gravitatoria. Es un proceso similar al de los electrones que al moverse por los circuitos de una antena emiten ondas de radio. Sólo que aquí, los electrones son en realidad singularidades, enormes masas concentradas en un simple punto al que su propia gravedad aísla de nuestro universo.

Los dos agujeros negros que protagonizaron la catástrofe se encontraba a unos 1.300 millones de años luz de nosotros, más o menos en la dirección general de la Gran Nube de Magallanes. Con sólo dos detectores, es difícil afinar más; si hubiese estado en marcha un tercero —como el VIRGO europeo, situado cerca de Pisa—, quizá hubiese podido precisarse más.

Ese modesto chasquido contiene información sobre una catástrofe cósmica de proporciones inauditas

Los dos agujeros negros tenían masas 36 y 29 veces mayores que nuestro Sol. Al principio, habían estado separados por una distancia cómoda y su rotación mutua se hacía a velocidades razonables. Pero en cada giro, emitían una debilísima perturbación gravitacional, con el resultado de ir perdiendo paulatinamente energía, acercándose cada vez más entre sí y acelerando su movimiento. A medida que éste se hacía más rápido, las ondas gravitacionales aumentaban su frecuencia, que fue pasando paulatinamente desde unos tonos bajísimos a otros más y más altos.

En sus momentos finales, los dos agujeros negros giraban a aproximadamente la velocidad de la luz. Y recordemos que estamos hablando de unos cuerpos con la masa de treinta soles. En esas condiciones, la frecuencia de las ondas iba aumentando hasta alcanzar valores comparables a los de una nota de piano. Ese es el “blip” que detectaron los observatorios, con una diferencia de sólo 7 milisegundos, primero en Washington y después en Louisiana. Ese es el tiempo que tardó la onda en cubrir los 3.000 kilómetros que separan los dos detectores LIGO. Y esa diferencia es la que ha permitido triangular muy burdamente la posición de la fuente.

La frecuencia de las ondas iba aumentando hasta alcanzar valores comparables a los de una nota de piano

Como si fueran dos bolitas de mercurio que entran en contacto, después de la colisión los dos agujeros negros se fusionaron en uno solo de 62 masas solares. Efectivamente, las masas originales no suman. La diferencia, unos tres soles, se convirtió en una titánica oleada energía: en gran parte la onda detectada son sus restos fósiles. Entre perturbaciones gravitatorias y radiación electromagnética, se calcula que desprendió tanta energía como nuestro Sol en 15 billones (1012) de años. Billones europeos, o sea, unas cien veces la edad del Universo.

Por un brevísimo instante, hace más de mil millones de años, en un lugar lejano mucho más allá de nuestra galaxia, la destrucción de dos invisibles agujeros negros generó más energía que la luz que emiten todas las estrellas del Universo visible.

El fisico teórico padre de LIGO dice: “Este evento ha causado una tormenta en la que se podría viajar en el tiempo”

Kip Thorne es uno de los mayores expertos en agujeros negros del mundo. Desde ayer, también es un claro favorito al Nobel de Física. En los años setenta fue a contracorriente de la mayoría de la comunidad astronómica mundial. Al contrario que ellos, que se volcaban en el desarrollo de telescopios ópticos para captar la luz en todas sus longitudes de onda, él propuso una nueva forma de observar el cosmos, más bien de escucharlo, a través de las ondas gravitacionales. Este físico teórico ha desarrollado la mayor parte de su carrera en Caltech, donde impulsó la construcción del Observatorio de Interferometría Láser de Ondas Gravitacionales (LIGO) junto a Ronald Drever, también de Caltech, y Rainer Weiss, del MIT. Además, es una estrella de la divulgación —fue asesor científico de Interstellar— y prepara otra película con Stephen Hawking.

Ayer Thorne habló a la prensa al teléfono desde Washington, donde presentó al mundo la primera detección de una onda gravitacional y el comienzo de esa nueva era de la astronomía que impulsó hace cuatro décadas.

¿Cómo se enteró del descubrimiento?

Estaba trabajando en casa por la mañana del 14 de septiembre y me mandaron un correo para que mirara la web interna de LIGO. Allí se almacenan automáticamente los resultados del experimento. Recibe los datos de Hanford y Luisiana [lugar de los dos detectores] y hace un gráfico de las frecuencias recibidas. Y en las detecciones de ambos sitios vi lo que llamamos una señal de pitido cuya frecuencia aumenta con el tiempo. Era exactamente la señal que esperábamos que produjeran las ondas gravitacionales. La miré y dije, «Dios mío, probablemente la tenemos, esto es demasiado bueno para ser verdad».

Era exactamente la señal que esperábamos que produjeran las ondas gravitacionales. La miré y dije, «Dios mío, probablemente la tenemos, esto es demasiado bueno para ser verdad»

¿Cómo se siente tras este hallazgo?

La mayoría de los que han participado en la detección dicen que están entusiasmados. En mi caso, es un sentimiento de profunda satisfacción. He trabajado muy duro desde los años setenta, tanto en la construcción de LIGO como en el desarrollo de las simulaciones, para entender lo que vemos y que han jugado un papel fundamental.

¿Por qué son tan importantes estas ondas?

Son importantes por el futuro al que nos llevan. Por un lado hoy [por ayer] hemos hecho muchos descubrimientos pioneros. La primera detección de ondas gravitacionales llegando a la Tierra, la primera observación de dos agujeros negros chocando y uniéndose para crear uno nuevo, las simulaciones del evento, que nos permiten observar por primera vez cómo se comporta el espacio y el tiempo cuando ambos están oscilando de forma salvaje igual que en una tempestad en el océano.

Pero lo más importante es que se abre la observación humana a un nuevo tipo de radiación. Todo lo que hemos hecho hasta ahora esencialmente se basa en ondas electromagnéticas. Ahora accedemos a otro tipo de radiación completamente nuevo. En las próximas dos décadas vamos a ver el mismo desarrollo que en la astronomía convencional, comprenderemos cuatro tipos de ondas gravitacionales con diferentes periodos de oscilación y cada una nos dirá cosas muy diferentes del universo. Las ondas que hemos visto oscilan en periodos de milisegundos. Pero usando LISA, que será una antena espacial, algo así como LIGO en el espacio, vamos a captar periodos que son 1.000 veces más largos, de minutos a horas. Vamos a ver incluso periodos de años y décadas. Vamos a ver la marca que dejan en el cielo ondas que tienen periodos de miles de millones de años. Vamos a ver muchas cosas que no habíamos visto antes, y esto sucederá en las próximas dos décadas.

¿Quién debe recibir el crédito por este hallazgo?

El crédito es de los jóvenes científicos experimentales que han sacado este experimento adelante. Tanto en diseño, como en construcción, como en el análisis de datos. Es su descubrimiento.

¿Cómo sería estar cerca del evento que han observado?

Verías el tiempo acelerándose y atrasándose, verías el espacio estirarse y contraerse de forma muy violenta. Viajarías en el tiempo de alguna forma porque el tiempo correría hacia adelante más lento de lo normal y luego mucho más rápido, todo de forma salvaje. Es un evento muy breve solo dura una fracción de segundo. Así que lo que necesitamos es enviar un robot que pueda captarlo todo muy rápido. Nadie sobreviviría a un evento como este.

El CONICET explica

La teoría de la relatividad general de Albert Einstein revolucionó la física y hasta hoy contrastar a través de la observación algunos de sus postulados desvela a más de un investigador alrededor del mundo. En este sentido, las ondas gravitacionales constituyen un caso de particular interés dentro de las teorías enunciadas por él a partir de 1916. En ese entonces el físico alemán reconoció que los cuerpos más violentos del cosmos liberan parte de su masa en forma de energía a través de estas ondas, pero en primera instancia pensó que no sería posible detectarlas debido a que se originan demasiado lejos y serían imperceptibles al llegar a la Tierra. Hoy, un grupo de científicos hizo pública por primera vez la detección de este fenómeno, abriendo así una nueva ventana por la cual asomarse a entender el universo.

Por ello, Oscar Reula y Carlos Kozameh, investigadores de CONICET en el Instituto de Física Enrique Gaviola (IFEG, CONICET-UNC) hablan al respecto.

¿Qué son las ondas gravitacionales?

O.R: Serían como arrugas en el espacio-tiempo, causadas por objetos de gran tamaño que al moverse producen una onda que se propaga, como ocurre cuando una piedra cae en una laguna. Estas ondas no se deforman, viajan sin perturbarse y, si se las analiza, pueden brindar información acerca del proceso que tuvo lugar cuando se crearon. Por lo tanto, constituyen una nueva fuente para conocer el universo y es por eso que medirlas despertó tanto interés. Las ondas gravitacionales deforman el tiempo y el espacio y, en teoría, viajan a la velocidad de la luz. Su paso puede modificar la distancia entre planetas, aunque de forma muy leve.

¿De dónde vienen?

C.K: Provienen principalmente de la fusión de objetos masivos, pero estos fenómenos no son muy frecuentes y además suceden a millones de años luz del Sistema Solar, pero en general se generan por objetos muy masivos sometidos a fuertes aceleraciones o cuerpos masivos no homogéneos rotando a gran velocidad. Pueden ser fuentes de estas ondas la explosión de una supernova e incluso la formación de un agujero negro.

¿Cómo pueden ser medidas?

O.R: Para medir una onda gravitacional se puede cuantificar la distancia relativa entre dos cuerpos y la variación que sufre cuando la onda pasa. La interferometría láser es una técnica que permite registrar estas pequeñísimas magnitudes con la precisión necesaria para obtener información directa de qué es lo que ocurre en el espacio-tiempo y de la dinámica de los objetos que crearon esa onda y es la técnica utilizada por LIGO.

¿Qué es LIGO?

C.K: LIGO es un experimento de detección de ondas gravitacionales. La sigla proviene de Laser Interferometer Gravitational-Wave Observatory (Observatorio de interferometría láser de ondas gravitacionales). Su misión era confirmar la existencia de estas ondas predichas por la teoría de la relatividad general de Einstein. Se trata de un instrumento óptico de precisión.

¿Cómo funciona la interferometría láser?

O.R: En un túnel con forma de “L”, cuyos brazos miden 4 km. de largo cada uno, se emite desde el vértice un láser que viaja simultáneamente hacia dos espejos ubicados cada uno en el extremo de uno de los lados. Cuándo el láser rebota, debe volver desde los dos espejos al punto de inicio, al mismo tiempo. Si una onda atraviesa la trayectoria del láser y deforma el espacio-tiempo en esa zona, esto no ocurrirá y las distancias entre los dos brazos se acortarán. Las diferencias que se registren van a brindar la información necesaria para hacer los cálculos que determinen el origen de la onda captada.

¿Por qué es importante este descubrimiento?

O.R: Por varias razones; por un lado confirma la existencia de las ondas gravitacionales, lo cual ya se sabía indirectamente la haberse medido la aceleración de los períodos orbitales de binarias conteniendo un pulsar, esa aceleración es una consecuencia directa de la disipación de energía gravitacional por las ondas que se producen en estos sistemas. En este caso se trata de una observación directa del fenómeno; Por otro lado se trata de un instrumento de una precisión inimaginable, las distancias que se miden son del orden de las del radio del protón. De hecho, mucha gente descreía que se pudiese llegar a tales precisiones. En un instrumento maravilloso. Finalmente porque se abre una nueva ventana para escrutar el universo. Lo podemos comparar con el momento histórico cuando Galileo dirigió su primer telescopio al cielo y comenzó a ver un universo insospechado. Cada vez que hemos observado el universo con un instrumento novedoso hemos encontrado fenómenos que no habíamos imaginado antes. Creo que este será el caso con estos nuevos instrumentos, se ha creado una nueva disciplina que nos dejará boquiabiertos.

C.K: Es una confirmación de Relatividad General en límite de altas energías. Es increíble que a 100 años de su creación Einstein nos siga sorprendiendo con su inteligencia.

Fuente: El País, Conicet. Aportado por Eduardo J. Carletti

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