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Se pensó durante mucho tiempo que Venus y la Tierra eran planetas hermanos. Dado su tamaño similar y proximidad a la Tierra en el Sistema Solar interior, Venus se podría ver como un candidato prometedor para tener una superficie que evoluciona a través de un proceso tectónico similar al de la Tierra, donde las placas rígidas se desplazan lentamente sobre el manto subyacente. Pero su superficie no evoluciona así

Un reciente análisis llevado a cabo por Peter James, estudiante graduado del Departamento de Ciencias de la Tierra, Atmosféricas y Planetarias, destaca el hecho de que la tectónica de placas de la Tierra parece ser una excepción en lugar de la regla entre los planetas rocosos como Venus, Marte y Mercurio.

James proporcionó nuevas pruebas de que la generación y reciclado de la superficie en Venus se produce por un proceso que es, en realidad, bastante distinto al que tiene lugar en la Tierra. Sus hallazgos apoyan una teoría que surgió a principios de la década de los 90, cuando la nave Magallanes de la NASA orbitó Venus y tomó imágenes de radar de la superficie del planeta. Antes de la misión Magallanes, la mayor parte de los científicos suponían que la superficie de Venus estaba influenciada por alguna forma de tectónica de placas o vulcanismo.

Las imágenes de Magallanes revelaron una distribución de cráteres que indican que la mayor parte de la superficie de Venus se formó aproximadamente al mismo tiempo: hace unos 500 millones de años, lo que es joven considerando que la edad estimada del planeta son 4.600 millones de años. Como resultado de esta edad uniforme en la superficie, los científicos teorizaron que la superficie de Venus no está formada de placas móviles como en la Tierra, ni es inactiva como la Luna. En lugar de esto, evoluciona a través de un proceso periódico de regeneración de la superficie, posiblemente causado por la actividad volcánica.

Estudiando la corteza

Los geólogos estudian las características de la corteza de un planeta, tales como su grosor y composición, buscando pistas de su historia. Estas pistas arrojan luz sobre los procesos físicos que crearon la corteza, que se produce normalmente por la fusión parcial de material del manto.

Para estudiar la corteza de Venus, James usó datos gravitatorios y topográficos recopilados por Magallanes entre 1990 y 1994. Analizando estos datos, James cartografió el grosor de la corteza del planeta, y calculó que era de unos 30 kilómetros de espesor (la de la Tierra es, en promedio, de 20 kilómetros). Pudo identificar regiones donde la convección del manto de Venus empuja o tira de la corteza cuando el planeta se enfría.

Aunque estos resultados proporcionan una mejor descripción de la corteza de Venus, lo que es más interesante del análisis, que James presentó el 1 de marzo en la Conferencia de Ciencias Lunares y Planetarias, es el descubrimiento de que no hay grandes concentraciones de masa, o “mascones”, enterrados bajo la superficie de Venus.

Los mascones, que existen en Marte y la Luna, son anomalías gravitatorias que corresponden a grandes cráteres y cuencas creadas hace miles de millones de años por impactos masivos procedentes de grandes meteoroides. Estos mascones ejercen un tirón gravitatorio mayor —detectado por naves o satélites— que el de una superficie lisa. Aunque el proceso de formación de mascones no se comprende por completo, James explicó que el tirón gravitatorio extra procede probablemente de dos fuentes: rocas densas en los cráteres procedentes del flujo volcánico y la situación de un material más denso del manto cerca de la superficie.

James esperaba encontrar restos de estas estructuras de la corteza en Venus, dado que son rasgos prominentes en Marte y la Luna. Cree que la ausencia de mascones es consistente con la idea de que la superficie de Venus experimentó algún tipo de “vuelco catastrófico” hace al menos 500 millones de años. “Si se eliminaron los mascones en el evento de hace 500 millones de años, eso requeriría un mecanismo que regenere la corteza más directamente”, explica.

El geólogo de la Universidad Brown Marc Parmentier está de acuerdo con James en que la carencia de mascones indica que algún tipo de mecanismo —tal vez una actividad volcánica a gran escala— crea periódicamente una nueva superficie en Venus.

Elogia el análisis por asegurar que la investigación sobre Venus sigue un tema activo en el área de las ciencias planetarias, que últimamente está muy enfocada en Marte y la Luna. “Su trabajo nos permite continuar abordando una de las cuestiones de Venus, que es cómo tuvo lugar este proceso de regeneración de la superficie”, comenta.

James espera abordar esta cuestión en investigaciones futuras usando más modelados de elementos finitos para comprender cómo evolucionan y se forman los mascones. Dijo que la próxima misión GRAIL de la NASA a la Luna recopilará datos gravitatorios sin precedentes que proporcionarán base para comparar las cortezas de Venus y la Luna.

Fuente: Ciencia Kanija y MIT. Aportado por Eduardo J. Carletti

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