¡ME GUSTA
AXXÓN!
  
 
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ARGENTINA

 


Ilustración: El Toto

Es que él es costero, de Rampla, de la ribera del Monzonete, y en toda su larga vida puedo contarle tres proezas. Si me esfuerzo, cuatro. Se lo conoce por Yute. No es mi amigo y está loco. Loco de locura, ¿me entiende? Nos odiamos cordialmente. Que lo parió, ¿cómo le voy a explicar lo que es la locura? ¿Está loco? Mire, mejor le cuento un poco cómo vivimos, a ver si con eso le alcanza.

Solemos salir a cazar bangles, en las mañanas de invierno, que es cuando esos gusanos procrean. Allí, en los terrenos fangosos que rodean la Horneta. No me mire de esa forma, ¿me va a decir que nunca se zampó un bangle a la vinagreta? Ah, perdón, no sabía. Y sí, debe ser emocionalmente jodido… ¿Tampoco emociones? Vea, no sé qué decirle. Sigo nomás, usted me pregunta lo que quiera.

Salimos con las cañas de fibra con pegote en la punta. Ese que fabrican los larañas del monte y que nosotros le robamos. Los golpes de las cañas despiertan a los desprevenidos capiatintas de los alrededores, que son los enemigos naturales de los bangles, pero a nosotros no nos importa, porque estamos siempre hambrientos y hay que conseguir de más para pasar el verano. Sí, hambrientos. Hambrientos de hambre, ¿usted nunca….? Ups, perdón otra vez, usted ya me había dicho que no come, claro. Pero puede hacerse una idea mental: el hambre trae dolor y… sí, claro, para usted el dolor no existe. Bueno, mire, el hambre es como algo que se quiere tener pero no se consigue nunca, y uno se pasa toda la existencia tratando de encontrarlo. Ah, entendió, bueno, bueno, mejor.

El pegote sirve para capturar a los bangles, de otra forma se haría imposible la caza. Y nos gusta que los capiatintas se espanten, así hay más gusanos para la despensa. ¿Qué? ¿Usted necesita conseguir algo y no puede? ¿Y eso a qué viene, si yo…? Ah, por lo que dije antes sobre el hambre. Vea amigo, míreme las manos, ¿ve? Sólo un dedo sucio. Uno, uno solo permanece sucio, nunca se le va esa suciedad. Éste es el dedo con que despego a los bangles del pegote, y es lo único que sé hacer. No me pida otra cosa.

¿Cómo qué traiga al Yute a mi hondonada? ¿Le falla algo? Bueno, claro, usted no sabe. Es que es verano, me entiende. Si salgo ahora no vuelvo. Nadie vuelve. Los más viejos, cuando sienten que les llegó la hora, se van en verano a alimentar a los gusanos. Después buscamos los huesos, con el Yute, así encontramos los bangles más gordos. ¿Entendió? No se puede salir en verano.

Mejor le sigo contando: con el Yute nos odiamos, pero con respeto. Él a su hondonada y yo a la mía. Sí, hondonada es hogar, morada, refugio. Salimos a cazar juntos porque en eso nos complementamos. ¿Cómo? ¡Al final me está resultando un asqueroso! Mire, le voy a pedir que se retire, faltaba más. Ah, usted no quiere saber la forma, me está preguntando otra cosa. Y sí, es difícil. Mire, cuando está por llegar el invierno, el aire se llena de aromas que al principio son penetrantes y extraños, pero luego… Resta decirle que entre todos estos olores hay uno que se va volviendo cada vez más excitante. No, no le pienso decir lo que significa. Pronto siento necesidad de seguir el rastro. Y así la encuentro. Por lo general es la misma de todos los inviernos. Sí, el Yute también se consigue una. No, no sé si es siempre la misma; él está loco. A la mía la llevo a mi hondonada y cazo los bangles. Ella los procesa y al final del período nos despedimos. Dividimos las provisiones en cuatro: ella se queda con tres partes y yo con una. Sí, ella se lo lleva sola. No, no me deja ayudarla. Creo que no quiere que conozca su refugio. Es que a veces el hambre nos hace hacer cosas que no queremos y si no hubo buena caza, en fin, usted comprenderá. ¿No lo entiende? Al final me está resultando un tanto… un tanto…

Nuestra vida es sencilla. Mire que es porfiado, ¿eh? ¿Cómo voy a saber dónde está Yute? Además, si lo traigo, uno de los dos debe morir. Sí, cuando se muere no funciona nada, nunca más. No, no se puede reparar. ¿Qué se cree, que somos máquinas? Ah, perdón, no sabía. No, no tengo nada en contra de las máquinas. Es que usted me hace cada pregunta que… Bueno, mire, si Yute descubriese mi hondonada, le entrarían ganas de habitarla y a mí, deseo de echarlo. Sólo nos detendría la muerte… ahora caigo que quizá también por esto, cuando termina el invierno, mi compañera no me deja que la ayude y carga con todo. Sí, eso debe ser. Y el hambre. A mí, cuando se me acaban los víveres, me la tengo que aguantar. Ella por lo menos tiene a las crías. No sé, no tengo idea, nunca probé una.

No, mire, no insista, no voy a buscar al Yute. Vaya usted que es tan inteligente y hasta tiene un cuerpo que no se mancha y que… ¿Polímero? ¿Qué es eso? Ah, una especie de costra. Uy, perdón, se la abollé. ¿Puede intercambiarse? ¿No crece junto con usted? Ah, usted siempre fue así. Interesante.

¡Otra vez con el mismo asunto! ¡Ya me cansé! Le voy a pedir que se vaya. Bueno, si quiere volver en invierno hágalo, pero le aseguro que voy a estar tan ocupado que no le prestaré atención. Sí, entonces podrá conocer a Yute y nos verá juntos. Aunque no entiendo por qué quiere conocer a Yute. Pero ninguno le dará calce. Bueno, él es costero, de Rampla, de la ribera del Monzonete y está loco. Quién le dice que tenga suerte. Ah, no, el colmo, ¿cómo quiere que le diga lo que significa suerte? Mire, ve, esta es la caña con que cazo bangles, todavía tiene pegote en la punta. Mire, mire, le pongo piedras. No creo que eso que usted llama polímero supere mi costra y con la caña preparada, así es como peleamos. Hasta la muerte. Sí, muerte, cuando ya nada funciona. No, no me importa si está lejos de casa. Bueno, vaya y permanezca como le plazca. Si puede soportar el verano, para mi está bien. Eso, así está mejor, puede ir saliendo nomás. Bueno, hasta el invierno.

No, no me olvidaré de usted. ¡Hasta nunca!

 

 


Este cuento se vincula temáticamente con LA INMUTABILIDAD DE LOS CICLOS, de Ricardo Giorno; EL OLOR A ORINA, de Eduardo Carletti; ESTE ES TU CUERPO, de Claudio Amodeo y EL HOMBRE EQUIVOCADO, de Pé de J Pauner.


Axxón 248 – noviembre de 2013

Cuento de autor latinoamericano (Cuentos : Fantástico : Ciencia Ficción : Sociedad : Ritos y costumbres : Argentina : Argentino).


2 Respuestas a ““En verano… hambre”, Ricardo Giorno”
  1. Lucrecia dice:

    Muy interesante! Me encantó la manera que esta redactado; si no entendí mal, es el narrador interpelado por el lector, hasta no soportarlo. Muy bueno! Otra perspectiva!

  2. Nolberto dice:

    No conozco el nombre técnico (quizá monodiálogo): la voz de uno de los dos no aparece, se sobreentiende. Ese recurso me gusta mucho. Otra: qué bien integrás el humor al relato fantástico. ¡Todo un especialista, Ricardo!

  3.  
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