¡ME GUSTA
AXXÓN!
  
 
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MÉXICO

 

 

I

 


Ilustración: Luis Di Donna

Comenzó como suelen comenzar varios conflictos humanos: por un malentendido. Mientras alguien podaba su césped miró a su vecino haciéndole señas obscenas sobre la reja que separaba ambos jardines. Uno de los hombres saltó la reja y se lió a golpes con el otro hasta dejarle muerto. La segunda vez que se tuvo noticia de un incidente parecido fue en una oficina. Una secretaria casquivana se le echó encima a otra secretaria casquivana que le hizo señas obscenas desde su escritorio mientras el jefe de ambas miraba azorado. Mismo resultado: una mujer muerta y una secretaria en la cárcel que gritaba que ya tenía el camino libre y que ahora exigía el divorcio del jefe de su legítima esposa. Los casos se multiplicaban y tenían características tan similares en su génesis y desarrollo que aquello parecía una broma de mal gusto, hasta que alcanzó a varios académicos de renombre de los que se decía que eran candidatos al Premio Nóbel y resultaron enemigos acérrimos; a varios políticos cuyos países estaban en tensión previa al conflicto armado y pronto estallaron en guerra perpetua; a tantos otros diplomáticos en la sede de las Naciones Unidas que amenazaron con un conflicto nuclear en una escala sin precedentes, y hasta a varias de esas muñecas humanizadas, mitad androides y mitad plástico erótico comestible que van por ahí semidesnudas, y defendían a golpes y porrazos a sus dueños en plena calle.

Fue por entonces que una pesadilla me abrió los ojos, literalmente, a un nuevo tipo de vida. Desperté. Estaba flotando a un metro sobre la cama. Casi podía tocar el techo con las manos. Pero, aunque maravillado y aún bajo los efectos del sueño, creí seguir soñando cuando me pellizqué y caí sobre el colchón, pero no pude dormir el resto de la noche. Había un rasgo que caracterizaba a aquellos que empezamos a levitar sobre el resto de la humanidad: Cuando se desataba alguno de los incidentes que provocaban violencia podíamos ver una nube gaseosa sobre las cabezas de aquellos que entraban en conflicto.

Formamos una hermandad secreta. Nos reconocíamos fácilmente porque íbamos por la calle y de repente nos deteníamos al ver esa nube extraña sobre la cabeza de alguien en la calle, nosotros con la mirada perdida en el cielo bajo y encima de la pareja que pronto se liaría a golpes veíamos la nube descender poco a poco hasta rozarles el cráneo. En seguida se desataba el conflicto, y los levitantes nos descubríamos mirando, a través de las aceras y las calles concurridas y cruzadas por el tráfico intenso, a otros levitantes que se encontraban, a la vez, mirando esas formaciones nubosas. Hombres, mujeres, niños, mirábamos aquella nube que descendía, y a la pareja o grupo de personas que se trenzaban en discusiones absurdas con resultados mortales. Los levitantes, entonces, nos saludábamos con una discreta inclinación de la cabeza y nos íbamos a nuestras casas. El resto de la humanidad, por supuesto, no podía mirar esas nubes. Nunca fallaba. Los “levitantes” —comonos autonombramos—,nos extendimos por toda la Tierra y nos reuníamos en túneles secretos del Metro, en ranchos apartados, áticos, desvanes, aislados cuartos de espectáculos de Table Dance, o en salas del Senado de la República a discutir nuestra naturaleza y la de la violencia que se extendía por todo el planeta. Incluso, y por un breve tiempo, se organizaron congresos de levitantes en hoteles flotantes en el ártico o por el Caribe. Era extraordinario ver levitar a unos dos metros sobre la cubierta de esos barcos a los congresistas, en las posturas más cómodas, charlando, en mesas redondas sin mesas ni sillas, bebiendo margaritas o rusos blancos y sonriendo. Éramos una élite tremendamente solazada y excluyente.

 

II

 

Una noche nos sorprendió a un grupo de levitantes un ruido detrás de las paredes mientras teníamos alguna de esas reuniones secretas. Uno de nosotros lo escuchó primero e hizo callar a los demás. La pared resultó ser una de esas paredes falsas de cartón piedra, por lo que fue relativamente sencillo desmontarla entre dos o tres y acceder al túnel que estaba oculto detrás. Se me ocurre una frase “pulp” para lo que siguió: “Una vez abierto ante nosotros, una vaharada de horror nos bañó desde el túnel, se encendieron las antorchas y echamos a andar por su siniestro pasillo”. Bueno, no encendimos antorchas sino lámparas de mano, y no había pasillo alguno sino un camino sucio y polvoriento que no sabíamos dónde conducía y que sí era realmente siniestro.

La gran mayoría de los levitantes no suele flotar la mayor parte del tiempo debido a un código de ética que nos impide actuar como mamones ante los demás. Pero como yo sí soy un poco mamón, tomé la asana o postura de yoga de la flor de loto y eché a levitar avanzando a un lado de mis compañeros. Lo que descubrimos fue un nido de marionetas. Debo explicarme. Había ahí, en nichos disimulados en los muros, miles de clones artificiales de seres humanos que imitaban perfectamente a todos los habitantes de la Tierra. Entendimos por qué a veces aquellas muñecas eróticas tomaban parte activa en algunos de los incidentes. No era debido a su programación intrínseca que consiste en defender sus intereses sexuales, sino por temor a ser remplazadas.

Nos reímos cuando descubrimos a nuestros ridículos clones por ahí, y yo, que flotaba a dos metros sobre el suelo, pude ver los hilos sobre las cabezas de aquellas otras réplicas que eran soltadas a través de los túneles y salían a la calles en todo el planeta. Los más osados entre los levitantes pronto descubrieron el origen de la nube sobre los clones conflictivos: Un rocío en aerosol que ocultaba y envolvía a las absurdas navecitas en miniatura provenientes de un planeta de enanos, desde las cuales se manipulaban los hilos de los clones. Los muertos en esos conflictos siempre eran humanos.

 

III

 

Uno de aquellos túneles desembocaba en uno de muchos hangares dónde los seres humanos sustituidos por los clones eran embarcados en gigantescas naves nodrizas. Una vez recibidos en su mundo, eran esclavizados en profundas minas de sal a latigazo limpio. Los látigos eran manipulados desde las navecitas ridículas a modo de hilos de fuego, y sobrevolaban como insectos molestos sobre las espaldas de los esclavos. No me pregunten por qué los enanos del planeta de las ridículas navecitas se tomaban la molestia de crear esos clones para asesinar humanos en reyertas idiotas y no destruían el mundo con sus rayos desintegradores. La razón podría ser obvia y perversa: la pura diversión. ¿Y nosotros los levitantes? Bueno ¿Qué esperaban? ¿Que formáramos un comando de Superhéroes que diera al traste con los planes del planeta de los enanos? ¡Por supuesto que no! El planeta Tierra entra en una nueva fase: la de la paz universal y el amor extendido. La naturaleza, antes a punto del colapso, se recupera lentamente junto a todas sus sexosas y calenturientas criaturas. En nuestro caso, los levitantes somos muy pocos, realmente, y formamos parejas swingers o poliamorosas, y desde entonces nos damos en hacer el amor en el aire, a tres metros sobre el suelo, en parejas, tríos o cuartetos, y hasta sextetos, cada vez que aún es posible ver a uno de los clones provocando peleas entre los humanos supervivientes. Nos ocultan las nubes de aerosol y descubrimos un efecto secundario de las mismas: Son exquisitamente erógenas, al grado de que ya hay toda una generación de clones hijos de los clones de los humanos engendrados en las muñecas eróticas… ¡Si vieran lo divertido que es fornicar en el aire y ver fornicar a esas muñequitas carnales desde arriba!

 

 

 


Pedro Paunero es un narrador, ensayista, crítico de cine y biólogo mexicano que ha hecho activismo y performance. Ha publicado novela erótica y ha sido antalogado en latinoamérica, Australia y España. En el género de la Ciencia Ficción ha publicado el ensayo “Las cinco grandes utopías del Siglo XX” en la web española Alfa Eridiani.

En Axxón hemos publicado, además de varias ficciones breves: EL HOMBRE EQUIVOCADO, EL OTRO MESÍAS, NOCHES DE BANTIAN, LA NOCHE DE TEMPOAL, AHÍ FUERA, LA BÚSQUEDA DE AUSENCIA, DESPOJOS, ASÍ PERMANECE HERMOSA LISA MARIE (ANTICUADA CANCIÓN PARA SONÁMBULOS), UNA MUERTE EN CASA, UNA PEQUEÑA MENTIRA, LAS ENSEÑANZAS DE GAN BAO, LA IMPRONTA, EL HOMBRE DEL SIGILO, UN FAQUIR DE ESNAPUR, MEDIODÍA, CÁNTICO DE UN AMANTE QUE GIRA BAJO GIRASOLES UNA MAÑANA DE PRIMAVERA, EL PAISAJE DESDE EL PARAPETO, LA HISTORIA MÁS GRACIOSA CONTRA LA HISTORIA MÁS TRISTE DEL MUNDO y LA PUERTA EN EL MONTE.


Este cuento se vincula temáticamente con LA INVASIÓN, de Raquel Froilán García.


Axxón 267

Cuento de autor latinoamericano (Cuento : Fantástico : Ciencia Ficción : Invasión Extraterrestre, Mutación, Evolución : México : Mexicano).


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