Revista Axxón » «Usos prácticos de la fe. Ejemplo 4», Daniel Frini - página principal

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Varios de ustedes lo saben, el Reverendo Diermissen fue un hombre extraordinario. Generoso, humilde, discreto, solidario, fraternal, de una fe rayana en la santidad; aunque algo reservado y circunspecto. Su paso por la iglesia de Ballester fue uno de los más fecundos, provechosos y notables. Los que fueron más cercanos a él recordarán, también, las cosas que lo apasionaban: su misión pastoral, claro; pero, además, el jazz.

Ampliación

Ilustración: Pedro Bel

Admiraba la confrontación temprana de la instrumentación, la melodía y la armonía europeas; con el ritmo, el fraseo y la concepción musical de los antes esclavos del sur de los Estados Unidos. Tenía especial predilección por la crudeza y el lenguaje lacónico, sin adornos, de la primer Bessie Smith; el high brow elegante, sincopado y dulce del New York de las primeras décadas del XX; o el jungle style del Duque o de Cootie Williams.

Sin embargo, su predilección estaba en el jazz europeo de aquella época. Decía, con cierta jactancia que lo hacía sonrojarse, que, en aquellos primeros años, habían sido los europeos quienes reconocieron la importancia y cualidades, la dimensión artística de esa música tan especial; cuando los mismos norteamericanos aún no habían caído en la cuenta y seguían valorándola como mera diversión.

Aunque no era coleccionista, poseía varias grabaciones —en discos de pasta, de 78— que disfrutaba con placer. Había varios del biguine que, desde Guadalupe y Martinica, había llegado a Francia en los ’30; otros de Stéphane Grappelli y Django Reinhardt; y algunos de Spike Hughes y Snakehips Johnson. Y, por supuesto, muchos de la Alemania de entreguerras: Borchard, los Weintraub Syncopators, Etté, Béla, y Schachmeister, entre otros.

Sin embargo, con mucho de frustración, hablaba, siempre, de cuánto le gustaría encontrar una grabación de cualquier grupo de jazz en el que hubiese tocado La Leyenda.

Ustedes saben de quién hablo: Kurt Kreuder. A grandes rasgos, un trompetista algo bohemio, inestable, afecto a la bebida; que participó en algunos tríos en los primeros y turbulentos años de la década de 1920, y en varias de las Salonorchester que aparecieron después; sin asentarse nunca en ninguno de ellos. Su estilo, algo duro, ni siquiera era afín al jazz. Abandonaba los rags y stomps para acercarse al blues, tenía mucho de repetición sin variantes; y más de adornos a la melodía, que de repentización sobre bases de acordes. Dicen los académicos que, en el último Kreuder, pueden verse ciertos brotes de improvisación, aunque muy diferente a la que, después, haría explotar Louis Armstrong; y algunos afirman (incluido Kater) que es el exponente primigenio del gruñido de trompeta que, en América, desarrollara Bubber Milley y tanto influyera en Duke Ellington.

Entonces, ¿por qué lo de leyenda? Por su potencia fenomenal, su fuerza, su ímpetu. Una manera de tocar robusta, enérgica y vigorosa. Tanto, que el paso del tiempo y el boca a boca lo convirtieron, a él y su trompeta, en míticos. El propio instrumento —algunos dicen que era una piccolo, otros, una trompeta en do— se ganó un nombre propio, tal como la «Lucille» de B. B. King. La llamaban «Wandbrecher»: Demoledora de Muros.

Por supuesto, la relación es directa con la historia bíblica de Josué y las trompetas que destruyeron las murallas de Jericó; y tal, dicen, era la energía que instrumento e intérprete desplegaban.

Todo entraba en la categoría de mito porque, hasta donde era posible saberlo, no había registros sonoros que atestiguaran tal prodigio. Si los hubo, la llegada del nazismo, su desprecio por el jazz y, que consideraban entartete musik, su persecución y, finalmente, su prohibición en el ‘35, acabaron con ellos; tal como lo hicieron con el propio Kreuder, de quien no se supo nada más después del verano del ’34. Por supuesto, tampoco se tienen noticias acerca de qué fue de Wandbrecher.

Volvamos al Reverendo Diermissen. Una tarde de otoño, en la década del ´90, un feligrés que había enviudado; conocedor del gusto de su Pastor, lo invitó para ver unos cuántos discos viejos que guardaba, algunos de los cuales habían pertenecido a su padre; y, otros más, a su abuelo.

—Yo ahora estoy solo, Pastor. Me vuelvo a Alemania para estar con mis hijos. Si gusta, esos discos son suyos. Si no, tendré que tirarlos.

Eran unos sesenta o setenta. Una vez que todas esas grabaciones estuvieron en su casa, el Reverendo se dio a la tarea de limpiarlos, escucharlos y clasificarlos. En su mayoría, eran clásicos de Schönberg, Von Webern, Weill y Krenek; folklore del centro y sur de Alemania; y muy pocos de jazz; en general, de agrupaciones desconocidas.

Uno de ellos, pertenecía a los Jazzmänner aus Westend, de los que Diermissen no encontró ninguna referencia, grabado por el desconocido sello WVK. En la cara A, versionaban Heebie Jeebies, de Boyd Atkins. En la etiqueta, se mencionaba a los músicos intervinientes, con nombre y apellido, aunque sin mencionar qué instrumentos tocaban. Y allí, refulgente a los ojos del Reverendo, aparecía el nombre: Kurt Kreuder.

Fue una epifanía, un golpe de puño en el pecho, un quedarse sin respiración. Sin embargo, consciente y cuidadoso, limpió el disco de pasta con agua destilada, jabón blanco y un cepillo de dientes de pelo fino, siguiendo las líneas de los surcos; lo enjuagó y secó con una tela suave. Luego, casi con veneración, lo colocó en el tocadiscos —un viejo Grundig Majestic valvular, modelo 1961; traído de Alemania, y que estaba en la congregación desde, más o menos, aquella época—, con un volumen moderado.

Y la música sonó.

El sonido era, como pueden imaginar y de seguro han escuchado alguna vez, algo latoso, con poco registro de graves y cerrado. Sin embargo, era claro. Diermissen pudo distinguir un piano, un violín, una batería y vientos: trombón, clarinete y… sí, trompeta. Allí estaba. Tenue, casi oculta.

A poco de empezar, el piano esbozó un solo, de apenas algunos compases; luego lo hizo la batería y después el violín. Quedaba claro que el director conocía la capacidad de Kreuder; porque pasaban los otros instrumentos, y no llegaba la trompeta; hasta unos diez o quince segundos del final. Entonces, en una variación que subía y bajaba sobre los acordes, empezó el solo; que desembocó en un DO —un agudísimo, al menos, DO 6—, fuerte y brillante, que parecía no terminar.

El Reverendo escuchó un «¡crack!» que no venía del Grundig. Dirigió su mirada a la dirección desde la que, estimó, venía el ruido; y vio la grieta que se abría en su techo; junto con el final de Heebie Jeebies.

Varios de ustedes lo saben, Diermissen ayudaba, con entusiasmo, a quien lo necesitase en su parroquia. Así que, cuando el señor Sierich le comentó que necesitaba gente para demoler el paredón de las vías, porque la Municipalidad iba a parquizar la zona; él buscó a sus feligreses que, sabía, estaban sin trabajo y les ofreció la changa. Por otra parte, preparó el disco de pasta, su Winco E 2050, los parlantes del sistema de sonido de la iglesia; y allá fue.

Antes del final del solo de trompeta, el muro había caído.

Como es lógico, se corrió la voz.

—Pastor, ¿no me daría una mano con la piecita del fondo, que tiene como ochenta años y la humedad ya hizo desastres; antes que se caiga y lastime a alguien?

—Reverendo, ¿no me ayudaría con la pared que separa el comedor de la cocina, que quiero hacer un solo ambiente?

—¿No le daría una mano a la cooperadora de la escuela?

—Hay un paredón en la placita que…

Y allá iba Diermissen, con su Winco, sus parlantes y su música de demolición.

Así tiraron abajo la casona de los Soria, donde ahora está el Club Defensores; la vieja fábrica de calefactores, el molino García, el frigorífico de Ader y, cuando el terremoto del ’98, los tres monoblocks de la Villa Loyola.

Cuando lo fueron a ver para que ayudara a demoler el Gasómetro de Villa Maipú, ese que estaba pegadito a la General Paz, se escusó, como siempre, de hacer trabajos para empresas constructoras que, según sus palabras «disponían de sus propios medios»

—Mi deber es hacer más liviano el trabajo de quienes, como el Señor, conviven con la pobreza.

En época de la crisis del 2001, el Concilio Luterano llamó al Reverendo Diermissen de regreso a Alemania, por unos meses, Sin embargo; cuestiones varias lo retuvieron allá; y, al final, nunca regresó a Ballester. Uno o dos años después, pidió a sus conocidos de la iglesia que le enviasen sus cosas, aquellas que no había llevado pensando en volver pronto. Al mes, agradeció el envío y preguntó si su Heebie Jeebies había quedado por aquí.

Aquí no estaba. Nadie, nunca supo más de él. Tampoco se sabe de alguien que lo haya usado otra vez.

No sé qué fue de la vida del Reverendo Diermissen.


Daniel Frini nació en Berrotarán (Córdoba, Argentina) en 1963. Es Ingeniero Mecánico Electricista. Fue redactor y columnista en revistas humorísticas del interior del país. En 2000 publicó el libro “Poemas de Adriana”. Colabora en varios blogs (”Químicamente Impuro”; “Ráfagas, Parpadeos”; “Breves no tan Breves”; “La Sonriente Cocina de Peloncha”; “Cuentos y Más”; “Educared-TamTam”; “La Oveja Negra”; “Antología Literaria”, “Poemia”, “La nave de los locos”; “BEM On Line”, “Cuentos inverosímiles”, “El Diario de Transilvania”, “Ficcionario”), en publicaciones digitales (”Axxón”, “Terrorzine” de Sâo Paulo, Brasil, y “miNatura” de La Habana, Cuba); y diversas revistas y periódicos en papel.

Ha sido publicado, eventualmente, en algunos otros blogs, ezines y revistas virtuales y publicaciones digitales: “Educared-TamTam”; “La Oveja Negra”; “Antología Literaria”, “Narrar en Córdoba”; “La nave de los locos”; “BEM On Line”, “Cuentos inverosímiles”, “Gambeteando palabras”; “El Eclipse de Gilleme Drake”; “Alquimia y Ciencias”, “El Diario de Transilvania”, “Ficcionario”; “Antología Literaria”; “Bibliófilos (Colombia); “Creatividad Internacional”; “Cuentos inverosímiles”; “Cuentos Rain”; “Ediciones Javisa 23”; “El Espejo de Tinta”; “El Hamster y Otros Cuentos”; “Ficcionario”; “Il sogno del Minotauro” (Italia); “Internacional Microcuentista”; “Kerlames”; “La Comunidad Inconfesable”; “La cueva del lobo”; “La lectora impaciente”; “La mar di storia”; “Las armas del reino”; “Obscuramente”; “Por sus texticulos los conocerán”; “Revista de Azahar” (Cádiz, España); “Tales of Mystery and Imagination”; “Tallandolápiz”; “Un cuento al día”; “Zona Literatura”; “Noticias Día x día”; “Aire Nuestro” (Club de Lectura de la Biblioteca Jorge Guillén, del Instituto Cervantes de Milán, Italia.); Minifiction Blog (USA); “La idea fija”, “Línea de crujía”, “Microfilias”, “Axxón”; “Micrópolis” (Lima, Perú); “Terrorzine” (Sâo Paulo, Brasil); “miNatura” (La Habana, Cuba), “Cronopio” (Bogotá, Colombia), “Thelunes” (Madrid, España); “Babelicus” (Roma, Italia); BEM on line (Madrid, España); “El Dinosaurios” (Colombia); “Lectures d’ailleurs” (París, Francia); “Fai Informazione” (Roma, Italia); “Tardes amarillas” (Santiago del Estero, Argentina); “Pegasus” (Milano, Italia); Penumbria (Chile); “Une auteure, des nouvelles” (Francia); etc

Y en publicaciones en papel; “El Litoral” (Concordia, Entre Ríos, Argentina); “Diario de los Poetas” (Buenos Aires); Suplemento “Enigmas” del diario “Noticias de Arequipa” (Arequipa, Perú); “Plesiosaurio Ficciones Breves” (Lima, Perú); “The Lunes” (Madrid, España); “La urdimbre” (Buenos Aires, Argentina) “La Luna de Pierrot” (Lima, Perú); “Atrapalabras” (Pergamino, Buenos Aires; Argentina); “Insolito e fantástico” (Milano, Italia.); “Río Revuelto” (Río Cuarto, Córdoba); “Manifiesto Azul” (España); Revista Cronopio (Medellín, Colombia); “Diario de la Región” (Resistencia, Chaco); “La Sirena Varada” (México), “El Rendar Revista Literaria” (Argentina); etc.

Integró, entre 2009 y 2014, el Grupo Literario Heliconia. Fue coordinador, entre 2011 y 2015, del Taller Literario Virtual “Máquinas y Monos” de la revista digital “Axxón”. Desde 2010 pertenece al Movimiento Poetas del Mundo. Desde 2013 participa en el Laboratorio Literario San Martín Lee. Desde 2016 es socio del CILSAM (Círculo Literario de General San Martín). Desde 2018 es Columnista de la revista “Educación Alternativa Un Vistazo” (Oaxaca, México) Desde 2019 es profesor en la Escuela de Escritores del Círculo Literario de General San Martín. Algunos de sus relatos y poemas han sido traducidos al inglés, francés, valenciano, italiano, portugués, húngaro y uzbeko.

Ha publicado en Axxón; en Ficciones: «SISENEG» EN «82 FICCIONES APOCALÍPTICAS» (nº 163), «LA MEDICINA ES UNA CIENCIA EXACTA» EN «FICCIÓN BREVE (49)» (nº 198), «A DIOS POR FERMAT» EN «FICCIÓN BREVE (CINCUENTA)» (nº 199), «RECHAZO» EN «FICCIÓN BREVE (CINCUENTA Y UNO)» (nº 200), «CI YACET PULVIS, CINES ET NIHIL» EN «FICCIÓN BREVE (CINCUENTA Y DOS)» (nº 201), «EL FANTASMA MÁS VIEJO» EN «FICCIÓN BREVE (CINCUENTA Y TRES)» (nº 202), «LEY DE LA CREACIÓN» EN «FICCIÓN BREVE (CINCUENTA Y CINCO)» (nº 204), «EL GUSLAR» EN «FICCIÓN BREVE (CINCUENTA Y OCHO)» (nº 209), OPERACIÓN «OPERACIÓN» (nº 211), «EL ÁNGEL TERRIBLE» EN «FICCIÓN BREVE (SESENTA Y DOS)» (nº 218), «SIEMPRE LLEGO TARDE A TODOS LADOS» EN «FICCIÓN BREVE (SESENTA Y SEIS)» (nº 228), «QIANGYAN WANG» EN «FICCIÓN BREVE (SESENTA Y SIETE)» (nº 231), «ÉRAMOS UN MILLÓN DE ANIMALITOS CIEGOS» EN «FICCIÓN BREVE (SESENTA Y OCHO)» (nº 233), IMÁGENES (nº 234), «TEORÍA DE LA EXTINCIÓN DE LAS ESPECIES» EN «FICCIÓN BREVE (SESENTA Y NUEVE)» (nº 236), «TROYANO EN EL CABALLO DE TROYA» EN «FICCIÓN BREVE (SESENTA Y NUEVE)» (nº 236), «LA BALADA DE DUIR Y SU AMOR GALANTE» EN «FICCIÓN BREVE (SETENTA Y SEIS)» (nº 264), «SUPONGO QUE OÍSTE HABLAR DE GREGOR SAMSA» EN «FICCIÓN BREVE (SETENTA Y SIETE)» (nº 265), «UNA ISLA HERMOSA PARA NAUFRAGAR» EN «FICCIÓN BREVE (SETENTA Y SIETE)» (nº 265), «DER RATTENFÄNGER» EN «FICCIÓN BREVE (SETENTA Y OCHO)» (nº 266), «LA FABRICACIÓN DE NAVAJAS EN TIERRAS DE LOS GIGANTES» EN «FICCIÓN BREVE (OCHENTA)» (nº 276), «RECOMPENSA A LOS ACTOS DE ESTÚPIDA BONDAD» EN «FICCIÓN BREVE (OCHENTA)» (nº 276), «TWISTER» EN «FICCIÓN BREVE (OCHENTA)» (nº 276)


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